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¡Vade retro okupas!



Un Nuevo Dogma de la Santa Iglesia Catódica.
Los Medios de Formación de Masas disfrutan del enorme privilegio de hacer de narradores e intérpretes de la realidad. Todo aquello que queda fuera de los lindes de nuestro barrio o nuestra ciudad, todas aquellas realidades que no absorben de forma inmediata nuestros sentidos, todo lo que no haya podido recabar nuestra experiencia, todo lo que ocurre más allá de nuestra vida cotidiana nos llega a través de los media. Y lo que no aparece en ellos, no existe. Así, los media median entre la realidad y las masas como antes la Iglesia mediaba entre Dios y la plebe. Lo que dice la Santa Iglesia Catódica de nuestros días va a misa y muchos toman sus mensajes como auténticos dogmas de fe. Otros en cambio, entre quienes me incluyo, no les confieren más credibilidad que la que goza un informante interesado y fantasioso.
Llegaron a mis oídos hace algún tiempo comentarios que advertían del tipo de mensajes absurdos ad infinitum que difundían las flamantes series juveniles que pululan por la caja tonta que atonta. Me contaron que los guiones de dichos folletines televisivos parecían haber sido escritos por domesticados plumillas del gabinete del Ministerio del Interior o por algún batallón de carcamales bienpensantes conservadores de las buenas costumbres. Conseguí hacerme una ligera idea de lo que me hablaban a través de la descripción de una secuencia de la serie 'Policías', que en su día emitiera Antena 3 sin pena ni gloria. En ella aparecían unos jóvenes pulgosos y desarrapados sentados a la puerta de una casa presumiblemente 'okupada'. Se hacía pasar frente a ellos a una señora ya mayor, la cual era insistentemente vejada e insultada por los 'okupas', por el mero hecho de haber vivido más que ellos y por estar "vendida al sistema". Entonces, un amable y diligente policía de barrio libraba a los telespectadores del mal rato que estaban pasando y acudía a socorrer, de forma educada y diplomática, a la frágil y denostada anciana. Todo ello, repito, de muy buenas maneras. De repente, cuando el agente del orden, un filántropo en toda regla, se hallaba inmerso en semejante gesta heroica, cumpliendo con el deber de servir y proteger a los indefensos, y por lo demás inútiles, ciudadanos, recibe un misterioso tiro en la cabeza que lo deja frito en el acto. Bueno, lo de misterioso es un decir, porque no creo que a estas alturas quepa alguna duda de dónde provenía el disparo mortal. Sí señor, de la malvada y tenebrosa casa 'okupa' del terror.

Pero la cosa no acaba ahí. Una amiga que estudia arte dramático en la capital del reino me cuenta que su compañera de piso, aspirante al igual que ella a ganarse la vida actuando, ha rechazado una oferta de la nueva serie de Telecinco a la cual, en un derroche de imaginación, ingenio y agudeza, le han puesto de nombre "20 y tantos" y que viene a sustituir a la insufrible "Al Salir de Clase". El motivo por el cual ha rechazado el papel radica en la intencionalidad aviesa del guión. Ella debía interpretar a una chica 'okupa' (ejem) que terminaba por defenestrar a una semejante con la excusa de que se había "vendido al sistema" (ejem, ejem). Antes de consumar su delito, sus entradas y salidas a escena estaban caracterizadas por una actitud sectaria y unos diálogos ridículos hasta el extremo, plagados de verborrea hueca seudorevolucionaria leída en las paredes de los lavabos públicos.
Pues bien. Por fin mis ojos han podido ser testigos del tremendo despropósito que representa esta suerte de panfleto hertziano. El tiempo que mi paciencia me ha permitido permanecer delante del televisor he podido contemplar una de esas escenas-cliché en las que tenía lugar una encarnizada demonización del 'okupa', especie perversa que amenaza con arrasar con los pilares de nuestra sociedad. La escena transcurre del siguiente modo: Un chico y una chica. Él, una persona informal, casual como se dice ahora, en ocasiones rebelde pero sin pasarse, de ideas progresistas pero alejadas de los extremos, seguramente voluntario en alguna oenejé. Ella, una neojipijarastapunki de onerosas prendas, una especie de Beth la de Operación Triunfo pero "superconcienciada". Él le reprocha a ella que está llegando demasiado lejos con sus nuevas ideas, encantadoras pero utópicas y traicioneras, le dice que le están comiendo el coco y que no debe creerse todo lo que le largan sus colegas los 'okupas'. Y ahora viene lo mejor. Ella va y le responde: "Oye, Sergio (por ponerle un nombre), por que tú te hayas vendido al sistema, no quiere decir que yo vaya a hacer lo mismo (o algo por el estilo)". ¿Será posible? Otra vez el mismo rollo, las mismas frases hechas, los mismos personajes, los mismos mensajes…

¿A qué se debe esa obsesión por retratar de forma caricaturesca y estereotipada la figura del okupa? ¿Se trata de una nueva campaña de prevención dirigida hacia los chicos y chicas que andan por los 20 y tantos? Sobre todo en estos precisos momentos en lo que el patio está tan revuelto, con desalojos de centros sociales y encarcelamientos de jóvenes okupas acusados de "promover la acción directa con el objeto de subvertir el orden constitucional y económico". Que ya se sabe, se empieza ocupando inmuebles abandonados y se acaba tomando la Bastilla.
¿Tenemos que creer entonces que los okupas son unos eunucos mentales entregados al crimen y a la violencia, al sectarismo proselitista y a la retórica repetitiva y demagógica? ¿Que, por lo general, son personas sicóticas, exaltadas, abducidas, fatuas y circunspectas? Pues eso parece querer decirnos las absurdas teleseries que acaparan la pequeña pantalla. Así que ya sabéis, juventud despendolada, seguid los consejos de la Santa Iglesia Catódica y cuando veáis a un ocupador de casas deshabitadas espetadle: ¡Vade retro okupa, noli me tangere!

Por Parco Pacatto