Un Nuevo Dogma de la Santa Iglesia Catódica.
Los Medios de Formación de Masas disfrutan
del enorme privilegio de hacer de narradores e intérpretes de
la realidad. Todo aquello que queda fuera de los lindes de nuestro barrio
o nuestra ciudad, todas aquellas realidades que no absorben de forma
inmediata nuestros sentidos, todo lo que no haya podido recabar nuestra
experiencia, todo lo que ocurre más allá de nuestra vida
cotidiana nos llega a través de los media. Y lo que no aparece
en ellos, no existe. Así, los media median entre la realidad
y las masas como antes la Iglesia mediaba entre Dios y la plebe. Lo
que dice la Santa Iglesia Catódica de nuestros días va
a misa y muchos toman sus mensajes como auténticos dogmas de
fe. Otros en cambio, entre quienes me incluyo, no les confieren más
credibilidad que la que goza un informante interesado y fantasioso.
Llegaron a mis oídos hace algún tiempo comentarios que
advertían del tipo de mensajes absurdos ad infinitum que difundían
las flamantes series juveniles que pululan por la caja tonta que atonta.
Me contaron que los guiones de dichos folletines televisivos parecían
haber sido escritos por domesticados plumillas del gabinete del Ministerio
del Interior o por algún batallón de carcamales bienpensantes
conservadores de las buenas costumbres. Conseguí hacerme una
ligera idea de lo que me hablaban a través de la descripción
de una secuencia de la serie 'Policías', que en su día
emitiera Antena 3 sin pena ni gloria. En ella aparecían unos
jóvenes pulgosos y desarrapados sentados a la puerta de una casa
presumiblemente 'okupada'. Se hacía pasar frente a ellos a una
señora ya mayor, la cual era insistentemente vejada e insultada
por los 'okupas', por el mero hecho de haber vivido más que ellos
y por estar "vendida al sistema". Entonces, un amable y diligente
policía de barrio libraba a los telespectadores del mal rato
que estaban pasando y acudía a socorrer, de forma educada y diplomática,
a la frágil y denostada anciana. Todo ello, repito, de muy buenas
maneras. De repente, cuando el agente del orden, un filántropo
en toda regla, se hallaba inmerso en semejante gesta heroica, cumpliendo
con el deber de servir y proteger a los indefensos, y por lo demás
inútiles, ciudadanos, recibe un misterioso tiro en la cabeza
que lo deja frito en el acto. Bueno, lo de misterioso es un decir, porque
no creo que a estas alturas quepa alguna duda de dónde provenía
el disparo mortal. Sí señor, de la malvada y tenebrosa
casa 'okupa' del terror.