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Vergüenza ajena.



¿Algunos de ustedes pensaron que la telebasura había tocado techo cuando Telecinco lanzó su Gran Hermano?, ¿Pensaron que Silvia e Israél, Ismael el "picha" y el retrasado de Iñigo habían sobrepasado el límite de lo admisible?. Quizás, estimados lectores, si así fue, su capacidad de repulsión se vio desbordada con la llegada de El Bus.

Eso sí que era vergüenza ajena en pantalla panorámica, el ridículo en primer plano y sin subtítulos. Eso sí que era bizarro, ¿verdad?. ¿Pensaron que Antena 3 había colocado su último cartucho en la ametralladora de morbomierda con semejante espectáculo móvil?. Pues se equivocan. El auténtico horror ha llegado ahora a su televisor. Se llama Confianza Ciega. Pero no se me abrumen, pues gracias a este nuevo engendro catódico nuestro rol como espectadores por fin tiene verdaderamente una razón de ser: La Vergüenza Ajena.

Si ustedes, premeditadamente o por fortuna, no pudieron contemplar en directo semejante crimen, no se preocupen. La misma noche de su estreno Lisergia.net puso en marcha su Dispositivo Especial de Alerta 7 (dedicada a momentos críticos en los que nos atacan desde el otro lado sin previo aviso), y estamos aquí para contárselo.

Confianza Ciega es un programa concurso en el que tres parejas de novios participan poniendo a prueba su fidelidad. Por si no lo saben, la fidelidad es ese acuerdo prematrimonial suscrito en silencio que tanto practican las parejas de hoy día, y con el que los firmantes se comprometen a no follar ni tontear con nadie más. Pues bien, encierran a los tres individuos por un lado y a las tres individuas por otro en sendos chalets de lujo en la costa portuguesa de Algarbe. Durante quince días vivirán separados en dos casas diferentes con piscina, jacuzzi, todo tipo de lujos y rodeados de un aren masculino o femenino según el caso. Musculosos posturitas con acento argentino y neumáticas macizas meneando el encanto tratarán de pasarse por la piedra (o lo que se deje) a los/as concursantes. Si tu pareja te es infiel, pues pierdes.

Si ustedes ya están llevándose las manos a la cabeza ante tamaña estulticia, si ya claman al cielo preguntándose cómo alguien se digna a participar, prepárense. Los participantes no podrán ver a sus respectivos durante quince días. Sólo sabrán de ellos a través de una pequeña pantalla. Una vez al día a los concursantes han de pasar por lo que llaman "El Cine". Se trata simplemente de un salón con un sofá y un monitor de televisión en el que ponen las imágenes selectas de sus respectivas parejas: tu novia bailando nerviosamente con uno de los guayabos, tu novio atontado mirándole las tetas a una tía, y otras chorradillas escogidas selectamente para poner nerviosos a los concursantes. Lo mejor viene ahora, pues el programa se reserva al derecho de retocar y manipular las imágenes a su antojo, para conseguir así que parezca lo que no es o que sea lo que no parece. Aun sabiéndolo, los concursantes ya han sucumbido, en el primer día de emisión, a las situaciones más patéticas haciendo el más estrepitoso de los ridículos.
Durante la primera entrega, una de las concursantes llamada María José mantuvo la compostura con un mínimo de coherencia y no le dio puta importancia al asunto de "El cine" pues sabe mínimamente a lo que se presta y simplemente se fumo un cigarro para relajarse tras escuchar a su novio decir: "Pues…. Fulanita es un bombón y tiene las tetas grandes".
Por otro lado, sus compañeras, Nube y Carolina, no mantuvieron la calma requerida cuando se las puso a prueba al ver a sus respectivos bailar y reír azarosamente con las increíbles nínfulas que el programa pone a su alrededor. Carolina, prototipo de pija "Qué ideales tus mechas, tía" perdió los papeles y rompió a llorar desesperadamente. Al segundo su llanto fue coreado por su compañera Nube (eso sí es maldad paterna) y las dos se montaron una historia en la cabeza inexistente y pasaron el resto de la noche lamentándose con conversaciones tan apasionantes como esta:

Carolina: - Jo, tía!! Hay que ver como son, tía. Casi le da un beso y todo, tía.
Nube: - Sí tía. Son unas guarras (refiriéndose a las chicas que conviven con sus novios y cuya función es "tentar")
C: - Eso no era un montaje, tía. Sí, tía. Son unas guarras, tía.
N: - Déjame sola
C: - Son unas guarras, tía.
N: - Poniéndole las tetas por la cara (algo totalmente falso, ya quisiera él)
C: Si tía. Son unas guarras, tía

Y venga a llorar. A pesar de estas rodeadas de hermoso y atléticos efebos, se dedicaron a exprimirse mutuamente el lacrimal. El programa pone en evidencia constante a los concursantes que han tenido el arrojo de prestarse. Los manipula y ellos reaccionan tal y como quiere el programa, y el público también (nosotros somos la prueba). La gente pronto empezará a cotillear sobre si Julián "va a caer" o si Pedro "es marica". No es cuestión de morbo, puesto que los límites de esta acepción son difíciles de fijar, sino del descaro de la cadena a la hora de ofrecer lo que sea, jugar con las emociones de los subnormales que se ponen el punto de mira y pretender que el público lo siga.

Antena 3 ha brillado con fulgor en la dura vida de las cadenas privadas por su especial capacidad a la hora de copiar programas de éxito de Telecino. Gracias a dicha maestría, hemos podido ser testigo de los fracasos más estrepitosos de la mano de El Pelícano, Jesús Vázquez o Máximo Pradera. Ahora, se ha basado en un formato norteamericano que por allí pasó sin pena ni gloria.

¿Están ustedes consternados ante tal falta de ética?, ¿Piensan que es inadmisible que las cadenas inviertan dinero en programas de esta calaña o que la gente se preste a esto por dinero?. Pues ahora viene la guinda del pastel: ¡¡No hay premio!!. El ganador no se lleva 20 millones, ni diez ni cuatro. No se llevan ni un deuro. ¿Increíble?, ¿Creen que ninguna pareja será capaz de prestarse a tamaño espectáculo gratuitamente?.
Pues créanlo. Las hay a patadas.