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Historias
Trastornadas Vol. III: "KOMMUNE 1, 2 y los rebeldes del hachís"
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Por Wu Ming 6 |
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Agtun baby, agtun!
¡Dios!
como impone este idioma. Podría afirmar rotundamente que se afirman
grandes sucesos y simplemente se describe a unos deustch trastornaten,
variante alemana del disperso mundo de las guerrillas culturales, que
se divirtieron tanto como nuestros amigos los provos y los indiani. 1. La cocina creativa de la Kommune 1: El atentado del flan Jueves, 6 de abril de 1967. La policía
irrumpe en el "Taller del terror". Una sustancia viscosa. ¿Qué
coño es esto? ¿Y los explosivos, Klaus? Los químicos
de la policía necesitaron tres días para descubrir de qué
materia estaba constituido el supuesto "material explosivo".
El diario Bild de Axel Springer en grandes titulares: "Planeado en
Berlín atentado con bomba al vicepresidente de Estados Unidos".
Fritz Teufel, Rainer Langhans y la sardónica compañía,
también miembros de la Kommune 1 (K 1), centro de espanto de los
buenos ciudadanos, habían cocido diez kilos de polvos de flan junto
a colorantes y a harina para producir la bomba de calorías más
dulce para presidentes de EEUU. Nadie les agradeció este amable
homenaje al vicepresidente Hubert H. Humphrey, quien había declarado
en público que el flan era su postre preferido. La acusación
no fue otra que la de "haberse reunido con fines conspiradores".
Aunque fuera con intenciones gastronómicas. Los articulistas rellenaban
sus opiniones y editoriales con el ingrediente de la semana. El "atentado
del flan" saltó a la prensa de todos los países. Hasta
entonces la producción de postres nunca había sido considerada
terrorismo. Aunque esta iniciativa de Dieter Kunzelmann al final resultó
ser un comienzo fallido, marcó durante mucho tiempo la imagen pública
del movimiento antiautoritario kommuneuno.
Como "Comité provisional para
la preparación de la autoorganización estudiantil",
la K 1 reventó -provistos de chapas del Chairman Mao- una asamblea
de 6.000 estudiantes del ASTA (parlamento estudiantil) de la Universidad
libre de Berlín. Distribuyeron una sensata octavilla "acerca
de la idiotez de los especialistas", invitando a los asistentes a
abandonar la universidad, a trabajar y a comprar con el sueldo una casa
para convertirla en comuna. Lugar este donde practicar el amor libre y
organizar cursos para la formación de un partido. El plan perfecto.
El objetivo era formar auténticos provos alemanes que se desplegarían
por toda la sociedad e iniciarían acciones perturbadoras. 3. Promiscuidad, Klau mich y happenings agresivos Durante algún tiempo los futuros
miembros de la comuna (Fritz Teufel. Rainer Langhans, Dieter Kunzelmann,
Uschi Obermaier, etc.) encontraron cobijo en el piso berlinés del
escritor Uwe
Johnson. Proclamaron la revolución de la vida cotidiana: la
familia nuclear burguesa debía ser reemplazada por lo colectivo.
Los medios de comunicación convirtieron
la experiencia de la K 1 en una central de espantaciudadanos. Los prejuicios
contra generaciones de pisos compartidos estuvieron marcados por esta
imagen deformada, a pesar de que el verdadero día a día
de la K 1 en realidad había sido bastante pequeñoburgués.
Las fotos de Uschi Obermaier fumando un porro se vendieron a las
revistas de información Stern y Spiegel. Un trabajo pactado.
La campaña de difamación por parte de los periódicos
del magnate Springer consiguió convertir a los K 1 en peligrosos
enemigos del Estado. Su criminalización mediática alejó
a mucha gente de su entorno. Pero los miembros de la K 1 que se sentaban
en el banquillo entendieron las vistas en la audiencia como una amable
oferta por parte del Estado. A su disposición tenían un
escenario para nuevos happenings. Desvelaron al procedimiento judicial
como ritual del poder. 5. Las mujeres (die frauen) Gretchen Dutschke-Klotz afirmó tajantemente: los hombres de la K I "parecían tener principalmente un objetivo, el de convertir a las mujeres en sus objetos sexuales comunes". Frases como "A mí qué me importa la guerra de Vietnam; yo tengo que solucionar mis dificultades para llegar al orgasmo", apoyaban el razonamiento. La práctica social cotidiana de la K 1 estaba marcada por influencias sexistas-patriarcales. No obstante, fue paradójicamente esta insistencia en el factor subjetivo la que contribuyó luego a preparar el terreno para el cuestionamiento de este patriarcalismo. 6. "A mí qué me importa la guerra de Vietnam; yo tengo que solucionar mis dificultades para llegar al orgasmo" "La Comuna 1 fue el símbolo
de una fase del movimiento antiautoritario en cuyo centro se encontraban
los procesos de aprendizaje permanente, pero también los esfuerzos
por cambiarse a sí mismo. Es posible que sus formas ritualizadas
de acción hayan entrado en la "pendiente irresistible de los
procesos de valorización que se autoalimentan" y que Teufel,
Langhans y compañía se hayan realmente convertido en "provocadores
mentalmente entrenados de la sociedad mediática capitalista"
y en "sus suministradores dependientes". A pesar de todo,
favorecieron el desarrollo de la acción espontánea, la iniciativa
colectiva y la autoorganización de cara la emancipación
del aquello que se llamaba "sujeto histórico". La comuna
se oponían al poder del Estado con creatividad; a las armas, con
la movilidad; a la brutalidad, con la pasión; a las porras, con
el lenguaje. La Kommune 2 (K 2), una escisión
de la K 1, fue fundada por Jan Carl Raspe, el hombre de la Baader-Meinhof,
y conocida también como comuna política, Heike Brandt y
otras como respuesta al narcisismo, al culto de los ídolos y a
la instrumentalización de algunos compañeros proletarios
por parte de miembros de la K I. La K 2 intentaba llevar a la práctica
la reivindicación volterética de Rudi Dutschke de "revolucionar
a los revolucionarios" como "condición previa a la de
revolucionar a las masas", una árida exigencia que la K 1
no pudo o no quiso cumplir. Mucho antes de que el ciudadano berlinés
observara detenidamente aquella humareda que según había
reconsiderado varias veces no era contaminación y el olor era ciertamente
característico, mucho antes de eso, se encontró que su mano
agarraba una octavilla. En ella rezaba algo ininteligible para aquel señor
berlinés. "Luchamos por poder decidir libremente sobre
nuestros cuerpos y formas de vida. Uníos a esta lucha. Formad cuadros
militantes en los pueblos y las metrópolis. Cagaos en esta sociedad
de seniles precoces y de tabúes. Convertíos en salvajes y haced
cosas guapas". Aunque buena parte de las ideas políticas de todos estos grupos del movimiento antiautoritario podrían considerarse fracasadas, "en un sentido subversivo, de cambio de las formas de vida social, consiguieron un éxito que nunca habían esperado y que perdura hasta hoy".
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