La publicidad es una máquina en continua renovación y
expansión. Las corporaciones multinacionales se sirven de ella
para persuadirnos de que sus productos son los mejores, los más
flamantes, los que solucionarán todos nuestros problemas. Por
eso invierten cada año tropecientos mil billones de eurodólares
en marketing y publicidad, con el único fin de captar clientes,
de estimular la demanda y multiplicar el dinero invertido.