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"La
revolución no es la que creéis;
no es ninguna organización
a la que podáis pertenecer;
no es aquello por lo que dais vuestro voto.
La revolución es lo que hacéis desde la mañana
hasta la noche; es vuestra forma de vivir".
1.¿Hey colega, dónde está mi coche?
El 1 de octubre, el ex-estudiante graduado
Jack Weinberg estaba sentado apaciblemente en la mesa del Congreso
de igualdad racial. Dos polis del campus se acercaron a la mesa. El bueno
de Jack, requerida su identificación, se negó a mostrarla.
Los polis, haciendo el clásico mohín de la autoridad, se
enfadaron. Lo arrestaron. Lo metieron en un coche. La voz se corrió
(con perdón). Weinberg no salió del coche policial, y el
coche tampoco se movió durante 36 horas. Fue rodeado por unos 3.000
estudiantes y sirvió de forma detournemental-trastornada como un
podio para conferenciantes. Una agradable discusión pública
tuvo lugar hasta que se retiraron los cargos contra Weinberg. Una sentada
y cinco meses después la universidad acusó a los estudiantes
que organizaron esa misma sentada. Que las posaderas de cientos de estudiantes
se posaran en el suelo y su consiguiente acción punitiva, cual
castigo corporal sublimado, desencadenó una protesta estudiantil
y la toma del edificio de administración del campus. 800 detenidos.
As se conformó El Movimiento Libertad de Expresión o
Free Speech Movement (FSM). La universidad se vio obligada a ceder
y terminó levantando la prohibición sobre las actividades
políticas en el campus.
De una de las ramas del FSM más sanas y retorcidas de risa, donde
se podrían ahorcar los sesudos gafapasta con halo de left adoctrinado
e inteligente, nacieron los Yippies, un grupo político apodado
formalmente como el Partido Internacional de la Juventud. El chiste
bilingüe era evidente: entre la fiesta y el partido nos echamos unas
risas y, como diría el periodista underground de turno, descolocamos
colocados y contraculturalmente a la sociedad norteamericana. Fruto de
aquella organización groucho-marxista (New York Times pixit
y dixit) florecieron trastornados lucidísimos como Abbie Hoffman
y Jerry Rubin.
2."We are going to take the Pentagon and turn it
into an LSD factory"
En octubre de 1967, 75.000 opositores a la
guerra del Vietnam se movilizaron en Washington. Mientras unos se preocupaban
por un transcurso ordenado del acto (dentro de esa rutina cabalgatera
de las protestas), según lo acordado con el Gobierno, otros decidieron
expulsar al mismísimo diablo del Pentágono. Y no solo eso,
sino que incluso dieron a conocer sus exorcistas intenciones en una rueda
de prensa. Numerosos santos rodearían el Pentágono en un
ritual sagrado de exorcismo acompañados de salmos y espirituales
percusiones. 1.200 personas crearían un poderoso anillo que haría
levitar el diabólico edificio. La salida de todas las energía
malignas se constataría con la mutación coloreada del edificio
a una altura determinada. En ese momento se acabaría la guerra
del Vietnam. En casi toda la prensa norteamericana apareció la
visión del Pentágono como encarnación del mal.
3. Lluvia de billetes
Antes, el 24 de agosto de 1967, los yippies
aparecieron sonriendo en la galería de la Bolsa de Nueva York.
Como si soltaran palomas en un acto de solidaridad con algún broker
muerto, lanzaron puñados de billetes (la mayoría falsos)
hacia donde estaban los corredores gruñían. Ante tal chaparrón
de cashflow, la mayoría cesó en su jerga de números
y gritos y comenzó a agacharse para recoger charquitos de verdes.
Algunos brokers, como habitantes de un país con sequía,
empezaron a pelearse frenéticamente para agarrar el dinero. Hoffman
afirmó estar intentando mostrar que eso es lo que los agentes de
Bolsa del NYSE "ya estaban haciendo". El NYSE entonces
instaló barreras en la galería, para prevenir que desaprensivos
como estos no volvieran a interferir con el intercambio monetario otra
vez .
4.
La convención y los MC5
1968. La Convención Nacional Demócrata
de en Chicago. El escenario de manifestaciones en contra de la Guerra
de Vietnam. Miles de personas agitadas por discursos y el jaleo electrizante
de los MC5. El menú del activista se componía de carteles
y pancartas, camisetas, música, danza y poesía. Un cerdo,
Pigasus el Inmortal había sido traído a la ciudad
para ser nominado para Presidente. Algunos respondieron al toque de queda
nocturno con piedras pero no de toque. Como una cortina represiva, el
gas lacrimógeno desató las lágrimas de toda la love
generation. Luego los cuerpos de esa misma generación fueron
golpeado con porras. Hubo arrestados. Un gran jurado acusó el 20
de marzo de 1969 a ocho manifestantes y a ocho oficiales de policía.
Empate. Fueron: Abbie Hoffman, Jerry Rubin, David Dellinger,
Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines, Lee Weiner
y Bobby Seale. El juicio comenzó el 24 de septiembre
de 1969 y el 9 de octubre se llamó a la Guardia Nacional de los
Estados Unidos para controlar a la masa que se concentraba en el exterior
del tribunal de justicia.
La taquígrafa tecleó "PIG". Bobby Seale completó
su descripción del juez con unos "cerdo fascista" y "racista".
El juez ordenó que se atase y amordazase a Seale durante el juicio.
Fue sentenciado a 4 años de prisión por descato al tribunal.Los
yippies Hoffman y Rubin se mofaron del decoro del tribunal debido a que
el juicio, ampliamente promocionado. Se presentaron en el juzgado ataviados
con togas de juez. El juicio se extendió meses, siendo llamadas
a testificar muchos personajes públicos de la izquierda Americana
y de la contracultura (incluyendo a Arlo Guthrie, Norman Mailer,
Timothy Leary y el Reverendo Jesse Jackson). Durante la
sentencia, Hoffman sugirió al jurado que probasen el LSD y se ofreció
para ponerles en contacto con un dealer enrrollao que conocía en
Florida.
El 18 de febrero de 1970, los siete acusados fueron encontrados no culpables
de los cargos de conspiración, dos de ellos fueron absueltos, y
cinco fueron declarados culpables de sobrepasar las reglas estatales con
la intención de incitar a la violencia. Esos cinco fueron sentenciados
a cinco años de prisión cada uno y multados con 5.000 dólares
el 20 de febrero de 1970. Las condenas fueron todas revocadas por la apelación
del United States Court of Appeals for the Seventh Circuit el 21
de noviembre, 1972.
5. "All we are singing, is shoot Spiro first"
Los
yippies, mal vistos por la miopía lefty norteamericanna, recurrían
al Pop-Art y a técnicas dadaístas en vez de atacar
abiertamente el "mal inherente al sistema capitalista"; pero
declaraban; "los yippies son marxistas. Estamos en la tradición
revolucionaria de Groucho, Chico, Harpo y Karl"
(J. Rubin).
Sólo hay que echarle un vistazo al dossier que el FBI recopiló
sobre Hoffman (se dice que es el más extenso de un ciudadano norteamericano)
para asegurar que los yippies fueron considerados enemigos públicos
número uno durante su periodo más activo. Las razones no
son otras que su disposición a la militancia, su capacidad de llevar
a las barricadas a la juventud blanca de clase media y la voluntad de
establecer vínculos operativos con grupos afroamericanos como los
Black Panther y otras minorías radicales organizadas. Afirman
que eran considerados enemigos de la teoría."!Solipsistas
y de orientación subjetivista!" añadiría el
intelectual. El escrito de acusación contiene toda una letanía
de reproches como "escepticismo lingüístico, crítica
de la civilización y negación del discurso intelectual":
"Le hacían el juego al fascismo al preferir esloganes fáciles
en vez de explicaciones laboriosas e imágenes caricaturizadas en
vez e críticas clarificadoras". La preferencia por las acciones
de efectividad mediática les reportó a los yippies con frecuencia
la acusación de ser unos simples bufones de la sociedad capitalista
mediática y unos suministradores de la industria sensacionalista.
Esto se puede resumir en que propagaban la
acción en vez de la mera charlatanería. Consideraban la
acción no sólo como medio de propaganda, sino como acto
liberador en sí mismo. Aún así la bibliografía
yippie rebosa de erudicción trastonada y lucidez política.
Desde "Roba este libro" volumen autoreferencial redactado por
Abbie Hoffman para uso y usufructo de los jóvenes que deseaban
vivir felizmente sin soltar un centavo (con técnicas para dormir
comer y comunicarse gratis o mediante el saboteo) a "School Stoppers
Textbook - A Guide To Disruplive Revolutionary Tactics for High.Schoolers".
Volúmenes dirigidos a los chicos y chicas blancos de clase media
hasta ahora apolíticos. Las "81 ways to trash the school"
(81 maneras de destrozar la escuela) tenían por trasfondo un rechazo
general a todo tipo de poder y autoridad.
6. Estetizar la resistencia política. Bleeding
my time y el MEDIA FREAKING
Los yippies se propusieron estetizar la
resistencia política. Con su "teatro de guerrilla" (happening
y teatro invisible según los manuales de guerrilla de la comunicación)
elevaron la "teatralización de la política" a
programa. Un efectivo ejemplo de esto es el "Media Freaking".
Nueva York. Manifestación. Los yippies habían repartido
sangre en pequeñas bolsas de plástico. Armados como si hubieran
atracado un banco de sangre, buscaron el enfrentamiento con la policía.
En los primeros golpes, los manifestantes rompieron las bolsitas de sangre
en la cabeza. El decorado bélico se completó con los penachos
de varias bombas de humo y el agradable sonido de las ametralladoras deletreando
muerte desde algún casette. Los transeúntes admiraban la
escena con estupefacción. Toda la plaza rebosaba de sangre. Estas
acciones afirmarían más rotundamente y con más efecto
que cualquier pancarta exigiendo el final de la guerra en Vietnam.
Afirmaban: "The myth makes the revolution" (el mito hace la
revolución) e intentaron instrumentalizar para este mito la fijación
por los acontecimientos de la prensa estadounidense: "¡Todo
guerrillero ha de saber cómo puede valerse del terreno de la cultura
que intenta destruir!" (J. Rubin).
El
mito del yippie no debería describir ninguna posición concreta,
sino crear un escenario abierto, perfilado por alusiones, en el que se
puedan vivir los sueños y fantasías. Los eslóganes
como "Fuera del Vietnam", según su concepción
de la política, pueden ser informativos, pero no pueden crear mito.
Justamente la aparente falta de sentido de muchas acciones así
como las imágenes drásticas y efectistas son la materia
a partir de la cual se tenía que tejer este mito. Rubin y Hoffman
estaban convencidos de que del solo hecho de que se informase públicamente
de sus actividades opositoras ya resultaría un efecto de cambio
de la sociedad y de las conciencias: "la simple idea de una "historia"
ya es en sí misma revolucionaria; puesto que la "historia"
ya implica la destrucción de la vida normal. [...] El medio de
comunicación no transmite "noticias", sino que las crea.
Un acontecimiento no sucede hasta que aparece en la pantalla, entonces
se vuelve mito [...] Es igual lo que puedan decir de nosotros. Las imágenes
son las que hacen la historia" (J. Rubin).
7. "Es demasiado tarde. No podemos ganar. Se han
hecho demasiado poderosos".
Rubin acabó convirtiéndose
en un broker de Wall Street como aquellos que recogían dinero falso
del sueño años antes. Murió en 1994 cuando fue atropellado
por un coche. Hoffman, buscado por las autoridades federales, estuvo escondido
durante siete años en México, Francia y los Estados Unidos.
Mientras estaba huído, Hoffman continuó escribiendo y publicando,
con la ayuda de simpatizantes en el underground americano. Su artículo
en el Playboy Magazine (Octubre de 1988) resumiendo las conexiones que
constituyen el "October Surprise" llamó la atención
por primera vez sobre la conspiración a un amplio número
de lectores. Hoffman sobrevivió gracias a tarjetas de identidad
falsas y trabajos intermitentes. Finalmente, se hizo la cirugía
plástica y adoptó una personalidad totalmente nueva como
"Barry Freed". Fue encontrado muerto el 12 de abril,
en 1989. 52 años. 150 píldoras de Fenobarbital. Su nota
de suicidio decía "Es demasiado tarde. No podemos ganar. Se
han hecho demasiado poderosos".
Filmaron una película sobre su vida en Hollywood.
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