En la ciudad de Montevideo, a las nueve horas y cuarenta minutos del
día quince de mayo del año mil novecientos ochenta y siete,
se reúne el Directorio Abecé, S.A., en la sala de conferencias
de su Casa Central, bajo la presidencia de don Tomás Olarte,
ejerciendo la Secretaría don Virgilio Sánchez, y con asistencia
de los vocales, doña Magdalena Bravo de Maura, y los señores
Orosmán Nieto, Alberto J. Salas, Prudencio Solanas Gómez,
Eliseo H. Matta, José Pedro Vilches, Javier Zamora Aguirre y
Juan Jacinto Lozano.
El señor Secretario da lectura al acta anterior, que es aprobada
con una observación del señor Zamora Aguirre acerca de
lo que entiende como error de sintaxis en la redacción del párrafo
cuatro línea siete, corrección que es aprobada por mayoría,
con la observación, esta vez del señor Vilches, quien
no considera haya error alguno de sintaxis en la redacción del
mencionado párrafo.
El Presidente recuerda que el Orden del Día de la presente sesión
consta sólo de dos puntos: 1) Estado de las negociaciones con
Silver Inc., de Sioux City, Iowa, y 2) Ajustes del presupuesto.
Al entrar a considerar el primer punto, toma la palabra el señor
Solanas Gómez para informar que las negociaciones con Silver
Inc, de Sioux City, Iowa, siguen un curso normal y bastante favorable
a los intereses de Abecé S.A. Recuerda que, tras la primera oferta
de la compañía norteamericana (de la que existe cumplida
constancia en el acta número ciento cincuenta y cuatro, correspondiente
a la sesión celebrada el cuatro de abril próximo pasado)
y la contraoferta de Abecé S.A. (cuyo texto íntegro fue
transcrito en el acta número cincuenta y cinco de la sesión
correspondiente al once del mismo mes), las conversaciones mantenidas
desde entonces por él (o sea el señor Solanas Gómez)
con el enviado de la compañía ofertante, Mr. Oswald Browning,
se hallan bien encaminadas, habiéndose designado el pasado día
doce, con el conocimiento y el aval del señor Presidente, una
comisión especial, integrada por dos miembros de cada parte,
a fin de estudiar de manera exhaustiva el procedimiento más apto
y menos riguroso de eludir las pesadas cargas impositivas a las que
la operación en trámite estaría sometida en una
y otra nación.
A las diez horas y doce minutos y por razones obvias, se resuelve a
pasar a cuarto intermedio con el propósito de analizar el informe
elevado por la mencionada comisión.
A las diez horas y cuarenta minutos, se da por levantado el cuarto intermedio
y se reanuda la sesión, pasándose entonces a tratar el
segundo punto del Orden del Día: Ajustes del presupuestos.
Toma la palabra el señor Matta para expresar que, en su opinión
personal y en la de sus inmediatos asesores, y ya que, debido a las
limitaciones que imponen las normas vigentes, no es posible bajar los
sueldos y jornales del personal de la Casa Central y las tres sucursales
de Abecé S.A., pero teniendo en cuenta que muchas de las tareas
contables y administrativas se han visto notoriamente simplificadas
con la adopción de excelentes equipos de computación,
por todo ello considera necesario planificar con urgencia una drástica
reducción del personal que hasta ahora estaba asignado a funciones
de contabilidad y administración. Añade el señor
Matta que actualmente se está estudiando a cuánto llegaría
el monto de las indemnizaciones por despido que sería imprescindible
abonar, sin perjuicio de que, por supuesto, se utilicen aquellos resquicios
y ambigüedades que toda ley inevitablemente incluye, a fin de que
las mencionadas erogaciones se reduzcan al mínimo. De todas maneras,
concluye el señor Matta, el ahorro que representarán a
la empresa, por distintas razones, los equipos de computación
recientemente adquiridos, compensarán con creces y en poco menos
de un año, el eventual desembolso que ocasionen las susodichas
indemnizaciones.
A continuación pide la palabra doña Magdalena Bravo de
Maura para señalar que no está en absoluto de acuerdo
con los despidos del personal que propone el señor Matta, ya
que ésa no fue nunca la política de su difunto esposo,
don Norberto Maura, fundador de la Empresa, quien siempre tuvo muy en
cuenta las buenas relaciones con el personal y defendió la dignidad
humana del trabajador.
El señor Matta pide una interrupción para exponer que,
con todos los respetos debidos, debía reconocerle a doña
Magdalena Bravo de Maura, que su marido, que en paz descanse, siempre
había sido un pésimo negociante, una suerte de romántico
après la lettre, alguien que manejó la empresa puede que
con mucha dignidad humana pero con escasos dividendos, y que en los
más calificados círculos mercantiles del país y
de la Bolsa, siempre había sido considerado un tarado (sic),
y, en opinión de los más severos, un imbécil (sic).
Interviene el señor Nieto para decir que no le permite al señor
Matta expresarse de ese modo ofensivo sobre el respetado fundador de
la Empresa, y menos aún agraviar de esa manera gratuita y sin
fundamentos a su viuda Magdalena.
El señor Matta responde que se caga (sic) en el fundador, a quien
califica de mero chantapufi, y en cuanto a lo dicho por el señor
Nieto añade que qué otra cosa podía esperarse de
semejante cara de culo (sic).
Interviene el señor Presidente para pedir encarecidamente a los
señores miembros del Directorio que no empleen vocablos no autorizados
por la Academia de la Lengua.
Aclara el señor Matta que el vocablo culo figura en el Diccionario
de la Academia, pero el señor Presidente señala a su vez
que él no se refería al vocablo culo sino al vocablo chantapufi.
Pide entonces la palabra el señor Nieto para señalar que
más cara de culo tendrá el señor Matta, y que además
todo el mundo está cumplidamente enterado de las cuantiosas comisiones
que dicho miembro del Directorio ha percibido hasta ahora de la calificada
compañía que instaló los equipos de computación.
El señor Matta interviene a su vez para proclamar que lo que
sí todo el mundo cumplidamente sabe es que un apuesto y joven
empleado (aclara que no dice su nombre para no tener conflictos con
el sindicato) de Abecé S.A., tiene desde hace tiempo relaciones
más íntimas que comerciales con la señora Nieto,
y que, en consecuencia, un infecto cornudo (sic, sic) como el señor
Nieto no tiene ninguna autoridad moral para acusar, ni a él (o
sea el señor Matta) ni a nadie, de delitos que sólo existen
en su mente afiebrada.
El señor Nieto pide autorización al señor Presidente
para ponerse de pie, y una vez que el permiso le es concedido, se traslada
hacia el sitio que ocupa el señor Matta y sin pedir anuencia
le propina un fuerte golpe de puño en pleno rostro. El señor
Matta responde con un rápido y enérgico manotazo, pero,
a pesar de ese intento defensivo, es inmediatamente inmovilizado por
un segundo golpe del señor Nieto, que en esta oportunidad le
alcanza en el mentón, sólo a medias protegido por una
barba de corte francés. El señor Matta exige que quede
constancia en actas de la actitud descomedida del señor Nieto.
En vista de que el señor Matta sangra abundantemente y que doña
Magdalena Bravo de Maura ha sufrido un desvanecimiento, el Presidente
propone, a la once horas y ocho minutos, que el Directorio pase a cuarto
intermedio, y así se resuelve.
A las doce horas y treinta minutos, se levanta el cuarto intermedio
y se reanuda la sesión, con la ausencia, debidamente justificada,
de doña Magdalena Bravo de Maura, y de los señores Matta
y Nieto. El señor Presidente deja constancia de que doña
Magdalena ha regresado a su domicilio, por no encontrarse en la adecuada
disposición de animo como para seguir el curso de la sesión
con la atención que ésta se merece; que el señor
Matta recibe a esta altura los debidos cuidados en la sala de primeros
auxilios de un Sanatorio de reconocido prestigio, y que el señor
Nieto ha decidido, de motu proprio, faltar con aviso al resto de la
sesión.
La secretaria toma nota de esas justificadas ausencias, y tras un breve
y cordial intercambio de ideas, se resuelve postergar la consideración
del punto segundo del Orden del Día hasta la próxima sesión,
que, salvo indicación en contrario, tendrá lugar el próximo
veintidós de mayo, a las nueve y treinta horas.
Siendo las doce horas y cuarenta y ocho minutos, se levanta la sesión.