"... esta noche me han cosido a tiros,
he soñado contigo,
y hemos resucitado en el país de los sueños,
con los labios pegados como caramelo caliente..."
713º
amor
Tienes
los ojos añil, como el cielo de verano, de veras que me gustan.
Me decía Bea. Mientras yo le susurraba al oído, sin hacerle
demasiado caso, las próximas guarradas que le pensaba hacer a
la vez que le hurgaba con mi dedo índice los alrededores del
coño. Realmente le excitaba que le fuera describiendo los pasos
de cómo se iba a realizar el próximo asalto. De cómo
mi ariete de carne le empujaría y sin más preámbulos,
entrará, saqueando todo lo que encuentre a su paso. Arrollando
tu clítoris. Abriendo la carne, rellenando espacios nunca alcanzados.
-Ojos azules
como el cielo de verano. Toma, estos son los ojos de verano de los que
te hablé. Por eso lo compre. Era su color favorito. No se lo
haré llegar. Por eso te lo doy mejor a ti que no significas nada.
Hace unos
días estaba borracho como de costumbre, había tomado algunos
whiskis de más y mi lengua ya iba ligera. En ese momento en que
te empieza todo a dar un poco igual. Deambulaba pensando en como decirle
un final que ya ambos sabíamos. Iba mirando algunos puestos de
un mercadillo que había dentro de la sala de conciertos, y, vi
una excusa perfecta para evitar un tema que no me atrevía a afrontar.
-Yo no te quiero Bea,- pensaba en voz alta. Tan solo follamos juntos
y lo pasamos bien. Pero no te quiero y tu no debieras enamorarte de
mi. Se lo dije de todas las posturas posibles, follabamos sin descanso,
como si fuera el último día. Y después más
de lo mismo la charla moral... el rollo... que si no te enamores de
mi, que sí mejor cada uno por su lado... Bea asentía sin
hacer caso de todas esas estupideces que se dicen después de
un buen polvo con una desconocida. Estaba disfrutando, no quería
ver el final en un momento de su vida tan enriquecedor.
Hay que ser idiota o un borracho perdido para no darse cuenta de lo
que estaba ocurriendo, su mirada brillaba más de la cuenta. Se
estaba enamorando y yo solo pensaba en follarla. Tan sólo quería
demostrarle, que sintiera, que tenía vida, que no se sintiera
desgraciada. De algún modo intuía lo que me esperaba a
mi en un futuro que ya se podía palpar con las manos.
-Por eso le compré este colgante azul añil, como el cielo
de verano, como mis ojos. No sabía como decirle que no. Que no
íbamos a seguir juntos, que no íbamos a compartir nada.
Que podíamos seguir follando pero que mi pensamiento estaba en
otra mujer, Sora.
-La reacción
del cobarde, del que no se quiere mirar al espejo del desastre. No sé
como decírtelo, sin hacerte daño. Mientras tu viajabas
por el mundo con mi cara en tu pensamiento, yo me estaba acostando con
otra mujer y viviendo experiencias maravillosas. La reacción
del cobarde, no se lo digo, paso de ella y encima le hago un regalo
para guardar las apariencias de que todo va bien. Por eso este colgante.
El colgante de la hipocresía.-
-Pero me vino un arrebato de lucidez y se lo dije, creía que
no iba a encontrar el momento y que nos íbamos a despedir sin
poder decirle un adiós. Un adiós de mucho tiempo.- Con
paciencia llegó.
-Te he echado de menos, ¿sabes? has viajado conmigo- me comentó
ella -¡Uf! Verás, no, no te he echado de menos Bea, estaba
con otra mujer en la cama y en esos momentos no se piensa en echar de
menos a nadie. No te he echado de menos lo siento. Te lo dije, no debíamos
enamorarnos.
Aguantó un poco las lagrimas, y después dejo escapar alguna,
pero respirando profundamente se controlo. Seguramente le entraron ganas
de darme una ostia. Seguramente volvió a su viaje recién
pasado y se dio cuenta de cuanto tiempo perdido pensando en mi.
De veras que lo siento.
-De manera
que aquí me encuentro, como un idiota, de nuevo con varios whiskis
en el cuerpo. Triste, mi condición habitual, con una sensación
amarga. Intentando resolver el mundo y este dilema. Pensé en
mandárselo por correo a Vera, una amante, de pechos pequeños
muy sugerentes. Así de pasó le doy una sorpresa y me aseguro
la posibilidad de un buen polvo. Además nos lo debemos de despedida,
ya que la estuve esperando varios días. Y después al tiempo
volví a buscarla, con la intención de amarrarla a la cama
y comerle el coño, si, has oído bien amarrarla, de no
ser así se pone tan excitada que no me deja terminar-. Se lo
prometí mientras follabamos una mañana, - si no me dejas
acabar y recibir mi recompensa te tendré que amarrar- le aseguré
mientras con una mano le agarré las dos delgadas muñecas
como si fuera una cuerda. Soltó un profundo aullido y se corrió
abundantemente mientras le decía esto. Se retorció violentamente
debajo de mi cuerpo, jadeó ansiosamente y sus ojos se pusieron
blancos. Le excitó la simple idea de pensarse amarrada. Me corrí
con ella.
-Menos mal que no estaba cuando yo volví. Aunque... eso es otra
historia, que ahora no te voy a contar. Porque aunque lleno de alcohol,
todavía se que tu no me conoces de nada y yo no te quiero conocer
por eso quiero que aceptes este colgante azul, añil. Como mis
ojos. Como el cielo de verano. Acéptalo por favor, no sé
que hacer con el, póntelo, o guárdatelo. Da igual, como
si quieres deshacerte de el lanzándolo al río-.
Me dirigí a la barra a por otra dosis de mi apreciado licor,
desde que no fumo hierba, por prescripción de mi psicólogo,
que soy yo mismo, el alcohol se ha convertido en mi fuente de inspiración
mas fidedigna. Mientras me dirigía a la barra no paraba de preguntarme
el motivo de porque seré en ocasiones tan sumamente bochornoso,
por qué tantas vueltas a todo. Además, me estaba empezando
a imaginar en la cama con esta desconocida de gafas de pasta negra.
Trataba de acabar la conversación pero mis pies me traicionaron
y me dirigí de nuevo hacia ella, que no se porque me seguía
con la mirada, esperándome a que continuara la historia, la miserable
historia de un puto colgante azul, añil como el cielo de verano.
Dio una ligera palmada a su lado, en el pollete donde se encontraba,
invitándome a sentarme y a continuar. Y continué. En el
fondo debe ser una miserable, como yo.
-Verás no se lo podía regalar a esa amante que trabaja
a mil kilómetros de aquí por que es más patético
aun. Si no se lo di a la persona a la que iba destinado. Si tuve un
arrebato de lucidez y de valentía y le dije que no íbamos
a seguir juntos. Que era una buena persona, pero que yo podía
no serlo. Si le dije que no quería herirle, precisamente porque
yo estoy herido. Si le dije adiós, ¡hasta otro polvo!,
que no se cuando será pero que si te puedo decir que será
dentro de mucho y que significará todo y nada. Todo para el momento.
Nada para el futuro. ¿Cómo iba a dárselo a una
persona que está a un montón de kilómetros solo
para asegurarme un polvo, un buen polvo?. Además ese polvo lo
tengo ya asegurado pero por otros meritos. Nos debemos mutuamente el
goce de la infidelidad-.
_¿por qué no se lo das a una colega, y punto?-
- Me da vergüenza dárselo a alguna moza conocida por que
si tiene pibe, este pensará que estoy flirteando con su colega,
esa idea me excita, pero quiero conservar mis amistades, ahora, sinceramente,
no tengo ganas de problemas con amigos, los tuve en su día y
son desagradables. Y si esa colega no tiene pareja, igualmente me da
vergüenza que lo entienda como un intento de irme a la cama con
ella y aunque eso no sea mentira, no son formas o por lo menos no es
mi manera de hacer las cosas. Y además dárselo a una conocida
requiere más explicaciones para que no piense que se me ha ido
la chaveta, que las que tengo que darte a ti, que no sé ni como
te llamas, ni me importa lo que pienses de mi-.
-Si te cuento esto es porque estoy borracho y tu cretina no debieras
aguantarme la chapa que te estoy dando, porque por el simple hecho de
que me oigas ya me hace pensar contigo en la cama, tu como una bestia
y yo con mi cabeza entre tus nalgas y desde atrás meter mi lengua
y tocar tu coño, que babea, que gime. Arrancándote suspiros
y calambres a cada lengüetazo y después montarte. Márchate
por favor.
Por fin
pude acabar algo de una manera más o menos digna. Ella acepto
ayudarme, agarró el paquetito de color rojo y se marchó
en silencio.
Ahora sé que también hay otra persona en esta sucia ciudad
que piensa que estoy loco. ¿Por qué me habrá escuchado
con tanta atención? Debe estar loca también. Bonitos pechos,
interesante olor a sudor.
Me fui
del bar poco después que ella, di algunos tumbos, salude algunos
colegas y marché a buscar la oscuridad de una esquina, necesitaba
vomitar. Después lloré un buen rato. Desde mi sucio escalón
vi pasar a la chica de las gafas de pasta negra agarrada a un chaval
que la besaba en el cuello con deseo, un chaval alto de media barba
y pelo largo recogido con una pasada. Ella no me miró pero sabía
que yo estaba allí en la penumbra, sentado, observándola.
Y a mi... se me vino a la mente la música del piano de un concierto
de Mozart... Elvira... no me acuerdo. Me surgió una ligera sonrisa
en los labios y comencé a caminar hacia el callejón de
las putas, necesitaba consuelo, un poco de cariño, necesitaba
pasarlo bien y olvidar. Esa música, esa música es deliciosa,
no se me iba de la cabeza y no paraba de tatarearla. ...taran, taran,
taran, tararararara, taran, taran, taran, tararararara... ...mmmmmm...
"...
después de violarlo y patearlo por el suelo,
el gordo sacó de su bolsillo un sacacorchos
y le arrancó los ojos azules como el cielo de verano,
a mi hermano.
Y se hizo un colgante, con los ojos azules
como el cielo de verano de mi hermano..."
713º amor
Acracio