
Por
Sevillanovich D'Bierzovki
Cada día más
y más, los ciudadanos presenciamos por parte de los diferentes gobiernos
occidentales, entre ellos el español, un intento resuelto por mantenernos
con vida a toda costa, incluso a la nuestra. Metidos en esta dinámica
presenciamos la desinteresada lucha que mantienen los gobiernos de
"bien" para salvarnos del terrible terrorismo internacional, y esta
salvaguarda es llevada a cabo recortando al ciudadano de a pie todos
los derechos que sean necesarios, por el bien de la seguridad nacional,
es decir, de nosotros mismos, porque la realidad es que nosotros los
seres humanos, somos muy peligrosos para nosotros mismos y en especial
para cuanto nos rodea, ya sea en este planeta o en planetas vecinos,
sino dime tú: si fueras un habitante de otro planeta y supieras de
la existencia del nuestro y de lo que ocurre en él, ¿acaso te dejarías
ver?. Un carajo.
Si uno, en uno de esos días
de especial sensibilidad, se atreve a quedarse un par de horas consigo
mismo, aislado del artefacto de la boca negra, aislado de operaciones
triunfo que dislocan los oídos y de grandes hermanos (recuerda, más
que nunca El Gran Hermano te vigila); en definitiva, aislado de las
veinticuatro horas multiplicadas por cuatro de imágenes estúpidas y
repulsivas, llegará a la conclusión de que las cosas no encajan como
deberían, pues los gobiernos, y pongamos como ejemplo más palpable el
de este país, Essssspaña (como dirían algunos, adornando la palabra
con desagradable a la par que significativo taconazo, curiosamente lo
primero que enseñaban en la mili, justo antes de las lecciones de escaqueo
a discreción y la de fumar petardos a todas horas,) luchan con esmero
en lo que ha sido la función principal de cualquier gobierno desde que
existen mandamases y mandados (en especial de los de derechas o de los
totalitarios, o de los totalitarios de derechas, como es el caso,) que
no es otra que la de mantener a su pueblo, es decir, a los currelas,
al proletariado, a la base, entretenida en estupideces, desinformada
e ignorante, y eso sí, meterle miedo, mucho miedo en el cuerpo, burrrrrrrrrr;
de ahí la invención de cuentos con el único de propósito turbar el ánimo
del personal desde la más tierna infancia, como el del Coco, cuando
tan azul personaje demostró sobradamente en Barrio Sésamo que era un
tipo de buen talante y simpático donde los hubiere; o cuentos como el
del Lobo y Caperucita, o el de el tal moro que se lo montaba de forma
explosiva con un buen par de gemelas, o la famosa leyenda de aquel otro
moro con un tesoro de oro negro escondidito para él solo, y un largo
etcétera de mentiras sin más propósito que el miedo. Cuentos por el
estilo mantienen acojonado a la par que entretenido al personal, lo
cual, esté la administración que esté en el poder, es una baza que ninguna
es capaz a resistirse a emplear. Desinformación, ignorancia, entretenimiento
fácil de digerir, y miedo, mucho miedo en el cuerpecito, burrrrrrrr.
No han descubierto la rueda estos de hoy, todo fue inventado hace ya
años por otros gerifaltes con el único afán de que no se les desmandaran
los currelas, tómese como mero ejemplo de lo que está ocurriendo lo
que ya hace siglos sucedió: la edad media, la inquisición española,
y el simpatiquísimo Tomás de Torquemada, inventor de la barbacoa de
la que tanto gustan hoy en día los americanoides.
The American Way of Barbaque
Uno por
lo general tiende a aburrirse, quizá porque no encaja de la manera adecuada
en el tinglado, y cae sin darse cuenta en la dinámica de pensar y comerse
la cabeza, incluso con el tiempo se le llega a coger afición, a eso
de menear el seso me refiero, aún a sabiendas de que en exceso, al igual
que cualquiera de las sustancias prohibidas, puede resultar perjudicial
y causar males en ocasiones irreversibles, de ahí la prohibición por
parte de los gobiernos de turno de dichas sustancias, y la invitación,
ya que prohibir pensar, incluso en la España carpetovetónica señorío
y feudo de José María Aznar, o Ansar, como es conocido en los círculos
de ámbito anglosajón, sería una medida demasiado extrema; pues eso,
que uno pensando pensando, sin darse cuenta llega a la conclusión de
que todas estas medidas de protección por nuestras simples y en la mayoría
de las ocasiones insustanciales vidas, no son más que una autoprotección
llevada a cabo por los ocupantes del poder para mantener su, digamos
posición privilegiada para sí y para el resto de sus generaciones por
los siglos de los siglos. De este modo, a parte de protegernos del terrorismo,
se empeñan denodadamente en que no nos matemos trabajando (queda muy
mal en las estadísticas), que no nos matemos conduciendo (también queda
mal en las estadísticas), que no nos matemos drogándonos (dicen que
no hay forma más dulce de morir), que no nos matemos fumando y que usemos
profilácticos (por mucho que se empeñen no engañan a nadie, no da el
mismo gustito); y un largo etcétera de putadas a las que estamos expuestos
y de las que El Gran Hermano tiene a bien protegernos. ¿Por qué tanta
protección, me pregunto yo, si está claro que les importa una mierda
nuestra miserable vida? Es bien sencillo; imagínense que un día la población
mundial se despierta, y que llevados por un irrefrenable sentimiento
de desazón y altruismo comienza a suicidarse en masa: los albañiles
haciendo cola y charlando animadamente mientras esperan su turno para
tirarse en caída libre al vacío y clavarse al llegar a la base esos
pinchos enormes del forjado, de frío acero y sabor a óxido. Los taxistas,
tras atropellar a unos cuantos transeúntes elegidos al azar se estamparían
contra los edificios, los árboles, las farolas, las viejas y las embarazadas
como si del mismo Carmagedon se tratara. Las amas de casa se atiborrarían
y atiborrarían a toda su prole a base de pasteles mantecosos, hamburguesas
de macaco tailandés hechas en serie y croquetas y empanadillas de la
Cocinera fritas con aceite transgénico. A los informáticos les daría
por salir a correr, hacer deporte y tomar un poco de aire fresco, fatal
para la salud de estos cuasi seres, incapaces de sobrevivir sin luz
artificial más de una hora. Y así sucesivamente: suicidios en masa en
La Coruña, en Madrid, en Barcelona, en El Bierzo, en Mojasacos, en Teruel,
en Majadahonda, en Barcelona, en toda la puñetera piel de toro sarnoso.
¿Qué haría el Borbón? ¿Qué harían los hijos del Borbón? ¿Quién les cuidaría
los hijos? Tendrían que dejar el fornicio despreocupado, con lo que
les gusta. ¿Qué harían Ansar y su gabinete de bufones ante semejante
situación? Todos se cagarían de miedo. Me los imagino viendo a la chavala
que presenta el telediario dando datos por provincias y comunidades
autónomas de muertos y heridos por suicidio e intentos de suicidio respectivamente,
mientras ella misma procuraba acabar con su vida introduciéndose un
cable de electricidad enchufado a la red y convenientemente pelado por
el tercer ojo… se me ponen los pelos como escarpias, digno del mismo
Rocko. ¿Qué harían entonces? ¿Cuáles serían las medidas a tomar en una
situación tan extrema? ¿Detenernos bajo qué cargos? ¿Intento de suicidio?
o ¿Atentado contra el estado? Se cagarían de miedo: "Mariano, pero quién
ha aprobado por decreto ley sin mi permiso que hoy era el día del suicidio
colectivo?","No es que me importe presi, pero si todos estos se suicidan,
¿quien va a trabajar en este país?"; o "Urdangarín, haz siete kilos
de huevos fritos para alimentar a los dieciocho niños. Por cierto ¿para
qué sirve este utensilio que hay aquí pegado a la pared? A, pero si
pulsándolo se enciende la luz, que curioso". En definitiva, acojonados
de verdad se encontrarían, sin nadie que les lavara la ropa, planchara
y almidonara los cuellos de sus camisas de marca, sin nadie que fregara
sus suelos ni dejara relucientes sus baños de mármoles y porcelanas
de la más fina concepción. Sin nadie que rellenara sus copas y sus platos,
sin nadie que les preparara la comida; en definitiva, sin nadie a quien
darle órdenes. El daño sería doblemente efectivo, pues por un lado estaría
el daño físico, ya que la mayoría de ellos perecerían a las pocas semanas
debido al hambre, o ahogados en sus propios vómitos por tener que respirar
el nauseabundo olor de sus propias axilas purulentas; y por otro lado
estaría el daño psicológico, causado en mayor medida por la ansiedad
de tener que dar órdenes y no tener a quién dárselas.
Postal del día del suicidio colectivo
En este punto llegamos al
quit de la cuestión. A parte de los superterroristas islámicos, que
están cabreados y con razón, qué otras cosas atentan contra la vida
del ciudadano de a pie, de ocho en ocho horas al día amargado, solo
y triste en ciudades contra natura, haciendo cuentas todo el día para
no pasarse del presupuesto y poder comer por lo menos hasta el día 26
o 27 del mes: pues la mala alimentación, las drogas y el alcohol (ufff,
que malos son), y entre alguna cosa más, por supuesto el tabaco (encarnación
del mismo demonio.) Por el contrario, para protegernos de esto está
el bífidus activo, el LK6 con inmunitas (o algo así), la dieta mediterránea,
la ropa de marca, la acumulación de televisores en la casa (los rayos
catódicos van muy bien para el alivio de los síntomas que produce la
inquietud) y electrodomésticos en general; y sobre todo, bueno bueno
para mantenerse en forma es ir al Corte Ingles y gastarse todo el sueldo
del mes en sus incomparables ofertas al doble del precio habitual, sin
olvidar que es muy muy sano domiciliar todas las cuentas en el banco,
incluyendo la del papel higiénico y comprarse un piso para poder estar
pagándolo durante más de treinta años.
A los diferentes gobiernos les
interesa nuestra subsistencia, y para que esta se garantice les viene
al pelo que no pensemos y que seamos manejables y maleables cual títeres
descabezados, de esta forma viviremos muchos años llenos de salud para
que produzcamos como buenos hombres de provecho, o al menos sobrevivir
hasta los 65 años (a partir de esa edad el resto es cosa tuya.)
Entonces, a parte de a los superterroristas
islámicos, ¿a quién están combatiendo con saña los gobiernos occidentales?
(chinos hay a patadas). Pues sí señor, a las empresas tabacaleras.
Pensando pensando he llegado
a atisbar la luz. Todo lo que sucede en los albores del siglo XXI es
tan estúpido que la única forma de sacar las conclusiones correctas
es mediante la reducción al absurdo más caricaturesco que la mente humana
pueda alcanzar (lo cual requiere su esfuerzo), y utilizando este método,
las conclusiones a cerca de muchos temas resultan curiosas, como por
ejemplo la conclusión de que todo lo que se dice acerca de las empresas
tabacaleras es falso, pues en contra de la opinión generalizada, estas
empresas no pretenden forrarse y forrase de dineros sin fin; no, que
va, ellos son unos visionarios, visionarios con una afán altruista semejante
al de Ghandi u otros fulanos por el estilo, lo que ocurre es que su
camino, en lugar de ir por la vertiente de la salvación a través del
diálogo, es decir, comprendernos y entendernos como "seres racionales",
camino a todas luces utópico y demostrado en contadas ocasiones como
irrealizable, se dirige por otro vericueto más práctico, más a la moda
del siglo XXI, que con toda seguridad y a mi entender, sería el más
efectivo y resolutivo para acabar con todos los problema de este planeta
y del resto de planetas con vida que se esconden de nosotros por miedo;
y este camino no es otro que el de la extinción del ser humano. El gesto
de las empresas tabacaleras es del todo altruista, se gastan cantidades
ingentes en publicidad y en comprar a este o aquel político o mandamás
de turno con el único y sincero fin de salvar a este triste planeta
de nosotros mismos. Ellas lo comprenden, hazlo tú ahora, es bastante
sencillo, las conclusiones son irrebatibles, la plaga somos nosotros,
no hay otra plaga más que la que ves en el espejo cada día por la mañana.
La mayoría de las cosas que hay en este planeta (antaño muy hermoso,
y que cada día se parece más a un vertedero de basura y almas en pena),
ya estaban aquí antes de llagar nosotros "los seres racionales". La
única pandemia que lo arrasa todo, que lo destroza todo (incluso a sí
mismo), que se regodea en ello y que jamás se cansa de arrasar, machacar,
joder, asolar, destruir, arruinar, abatir, demoler, devastar, aniquilar,
extermina, asesinar, derruir, saquear… somos los seres humanos. Es por
eso que me resulta inevitable pensar, y conversaciones con amigos me
han hecho llegar a la conclusión, si se quiere un poco extrema, pero
irreprochable, de que nuestro tiempo se ha acabado, el fin del ser humano
se tenía que haber producido hace ya siglos, probablemente con el fin
de la Roma Clásica.
Llega el Apocalipsis. Y yo con estos pelos
Acabar
con la plaga debería ser un acto cotidiano y desprendido, en el cual
hay que ser consciente de que la mejor forma de acabar con ella es empezar
por descabezarla. En primer lugar debes iniciarte en la satisfactoria
costumbre de ser lo menos productivo que puedas, ya sabes, llega tarde
al trabajo, ingiere cafés con fruición, tomate tu tiempo a la hora de
ir a servicio, mantén largas conversaciones con tus compañeros acerca
de nada, y en general adopta medidas por el estilo (si hiciste la mili
obligatoria sabrás de que va el tema.) A su vez se lo más autodestructivo
que puedas, si no tienes experiencia sobre el tema son aconsejables
biografías sobre genios como Jim Morrison, Jimmy Hendix, Janis Joplin
y otros muchos, tú eliges maestros y guías. Pero no caigas en la simplicidad,
no me refiero a ir al Viaducto de la calle Bailén y saltar la mampara
antisuicidas para darle un beso de tornillo al pavimento de la carretera,
eso no resulta del todo práctico para nuestra lucha, aunque nadie se
atrevería a poner en duda tan loable acto. Si de verdad quieres dar
por el culo a todos esos individuos de dudosa moral que pretenden hacernos
creer que miran por nuestra salud, suicídate poco a poco, disfruta con
el acto cotidiano del sacrificio, fuma amplias y sinceras bocanadas
de esa mixtura genial que forman el monóxido de carbono, la nicotina,
el alquitrán, la inconfundible acrinolina, el ácido hidrociánico, el
óxido nítrico, el dióxido de nitrógeno, los cresoles y los anafenoles,
entre otras sustancias. Sal por la noche y olvídate de todas esas marcas
de destilados rimbombantes, date al alcohol de garrafón con denuedo,
pues es un arma que el gobierno sin saberlo pone en nuestras manos,
ya que está amparado por él en su política de hacer la vista gorda en
este tema. Ingiere pastillas de colores compradas a camellos de baja
estofa y de dudosa procedencia, puesto que esa es otra arma que el gobierno
pone en nuestras manos, ya que el día que se decidan a legalizar estas
sustancias y sepamos lo que tomamos sin miedo, habremos dado un paso
atrás en esta particular lucha por la erradicación de la plaga. Utiliza
la imaginación, esto es algo que debemos llevar a cabo entre todos,
no es fácil, se trata de un proceso muy duro y constante. Es importantísimo
espicharla poco a poco y disfrutando en el intento. Son recomendables,
a parte de las medidas ya citadas, otras como la de esterilizar a tus
hijos (no dejes tus restos cabrones, no dejes toda tu putrefacción procesada
a tu imagen y semejanza), follarte sin condón a las rameras de la Casa
de Campo, de Gran Vía o de la calle Montera, para después contagiárselo
todo a las hijas de los gerifaltes como banqueros, ministros, presidentes
de clubes de fútbol fascistas, directores generales, catedráticos, constructores,
y especuladores hijos de la gran chingada en general.
Otro héroe de la autodestrucción
etílica
Se un suicida, es duro, no
estoy proponiendo un camino de rosas, puesto que hay que ser muy desprendido,
a la par que tenaz para atravesar esta senda de espinas con forma de
resacas interminables, irritantes dolores de cabeza, despidos sumarísimos,
desubicación social, etcétera, etcétera. Pon día a día, en la medida
de tus posibilidades ese granito de arena que tanto aporta, pues todos
juntos llegaremos a formar la montaña que sirva para enterrarnos, eso
sí, mucho después que a ellos, a esos detestables guiadores de nuestros
pasos que osan considerarnos nulos y desprovistos de madurez para seguir
un camino elegido por nosotros mismos. No se trata de convertirnos en
héroes, pero sí de luchar a sabiendas de que somos los seres más desafortunados
de este planeta, porque sufrimos y además somos conscientes de este
sufrimiento. La única salida es la huida, y esta tiene que ser frontal,
hacia delante, justo lo contrario que ellos esperan.