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Entrevista con Agustín Gómez Acosta, secretario general de CGT-A

Su afición por el teatro le llevó tempranamente a enfrentarse a las distintas máscaras del Poder. Conoció la censura, la cárcel y la represión del tardofranquismo. Conoció también la clandestinidad, la disciplina y el "centralismo democrático" de los comunistas. Desencantado por las luchas por el poder durante el proceso de reunificación del PT y la ORT y con la sensación "de haber hecho el canelo", cae prendado irremediablemente por las ideas libertarias. Tras años metido en diversos berenjenales político-sociales (colectivo vallisoletano 'El garbanzo negro', Radio Caribú, Radio Iris, Movimiento de Objeción de Conciencia, Ateneo Libertario 'Germinal' de Cádiz, Federación Ecologista Pacifista Gaditana …), en 2002 es elegido secretario general de la CGT de Andalucía.

Sabemos de buena tinta que eres un tío con muchos años de militancia política y social. ¿Cómo, cuándo y dónde empiezas a coquetear con la subversión?

Sobre todo fue a partir del momento en que entré en la universidad. Lo que me motivaba entonces, con 16 o 17 tacos, era el teatro. Lo que pasa es que en aquella época todo se politizaba, porque la censura, en el teatro por ejemplo, era algo brutal. La vivencia de que una obra de teatro tenga que pasar por el control de un censor, te hacía sentir la necesidad de una libertad, de alguna manera eres ya antifascista en la medida en que simplemente lo que querías era expresarte a través del teatro. Eso te politizaba. De hecho mi primera actividad pública política fue un recital de Miguel Hernández en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid en el año 68 o 69. En aquel momento lo que había en la universidad de Valladolid eran fundamentalmente comunistas de distintos pelajes, desde la MCR, el MC, la ORT, el PT… y bueno, el Partido Comunista, los carrillistas, con una política más de reconciliación nacional y tal, pero que eran mayoría en la oposición. Así que por una conexión personal me empezaron a invitar a reuniones de la Joven Guardia Roja y a partir de ahí me incorporé a una militancia política que fue, fundamentalmente, en la Joven Guardia Roja y después en el Partido del Trabajo.
Esas organizaciones tenían un funcionamiento jerárquico que tú asumías en función de la acción en la clandestinidad, era lo que se llamaba 'centralismo democrático', que significaba en realidad que todas las órdenes procedían de arriba. Teóricamente en cada célula se discutían las cosas pero, en la práctica, siempre las directrices te venían de arriba y tú tenías que cumplirlas. Cuando acabé la carrera me mandaron para Santander para organizar el partido (PT). Allí encontré trabajo en los colegios familiares rurales, organizados por la Iglesia pero con un planteamiento pedagógico bastante progresista. A partir del proceso de reunificación entre la ORT y el PT y de la participación en las primeras elecciones, con todo un oportunismo descarado que hubo, con una serie de peleas en cada sitio que eran realmente luchas por el poder, empezaron a aflorar toda una serie de contradicciones que con la democracia subió como la espuma. De repente hubo ahí una descomposición y cada uno pilló por un lado, y, ya te digo, unos cuantos de los más conocidos pillaron dentro del aparato del poder. Después de doce años de militancia bajo unas condiciones duras de talego y clandestinidad, te encuentras como que has hecho el canelo.
Yo me trasladé a Valladolid a dar clases en un instituto y allí surgió una confluencia de gente de las Juventudes Libertarias, de CNT, rebotaos como yo que veníamos del PT, algunos incluso del PC, también chavales muy jóvenes, que empezamos a convocar manifestaciones, organizábamos debates, hacíamos algún tipo de acción.... Para mí fue el encuentro con una forma de trabajo y de pensamiento totalmente distinta, horizontal, creativa, abierta, cada uno se comprometía a lo que quería… y funcionábamos. Luego estuve en Aranda del Duero, en Burgos, colaborando con la creación del Sindicato de Estudiantes de CNT.
Total, que ya me vine para Cádiz, y bueno, yo en realidad no había hecho nunca sindicalismo, pero más fundamentalmente por amistad con la gente de Valladolid pues me afilié a CGT. En Cádiz los primeros años fundamentalmente lo que trabajábamos era, aparte de la calle, la historia del Ateneo Libertario Germinal, que durante un tiempo reunió las misma características del Garbanzo Negro, es decir, un funcionamiento horizontal, una confluencia de gente distinta…

En Cádiz empieza entonces tu trayectoria sindical, en un principio ocupando el cargo de Secretario de Acción Social y más tarde como Secretario General de CGT-Andalucía. ¿Cuál es el modelo sindical de CGT, y qué diferencias guarda con el de otras organizaciones sindicales?

CGT es anarcosindicalista, pero en el sentido siguiente. Anarcosindicalista quiere decir que es un sindicato, con una orientación anarquista, pero fundamentalmente es sindicalismo, sindicalismo anarquista o anarcosindicalismo. 'Anarco' ahí no deja de ser un adjetivo, el sustantivo es sindicalismo. El objetivo es hacer un sindicato, que no es un partido ni un grupo ideológico, es una agrupación de trabajadores para defender sus intereses, desde los más inmediatos a los más utópicos o los más estratégicos.
Ahora, hay cuestiones que son claves y que sí definen el carácter anarcosindicalista de la organización. Por ejemplo el carácter autónomo. CGT es un proyecto de hacer un sindicato autónomo, que no dependa de nadie más que de sus propios afiliados. Nosotros no dependemos de ningún partido ni de ninguna organización ni del estado. Ese es el principio básico. La UGT, por ejemplo, tiene una relación histórica con el PSOE. Comisiones tuvo un origen autónomo hasta que el Partido Comunista tomó el control del sindicato cuando la Asamblea de Barcelona e hizo que entrara después dentro del paquete de negociación de los Pactos de la Moncloa, un pacto que garantizaría toda esa transición para conseguir mantener el sistema de explotación y los mismos fascistas pero con nuevas caras. A eso se añade la dependencia que estos sindicatos tienen del estado. El 70% del presupuesto de Comisiones Obreras viene de los cursos de formación, todo un tinglado que condiciona la actividad sindical. CC.OO. quedaría totalmente paralizada probablemente si el estado le niega toda la financiación que tiene.
Una segunda cuestión: la autonomía está de cara hacia fuera y también de cara hacia dentro. Es el planteamiento federal, que cuesta muchísimo en estas circunstancias. Es decir, cómo conseguir un sindicato que sea amplio y que al mismo tiempo hasta el último afiliado pueda decidir lo que se hace. Es difícil pero ese es el intento y es lo que marcan los estatutos de CGT. Los SP (secretariados permanentes) en absoluto podemos tener un carácter ejecutivo, lo que tenemos que hacer es simplemente vigilar el cumplimiento de los acuerdos surgidos en congresos, plenos y plenarias.
Una última cuestión es la práctica de un sindicalismo social.
Los trabajadores tenemos que tener capacidad para entender que el sindicalismo no es exclusivamente lo económico, luchar por un peseta más. El sindicalismo es también las relaciones norte-sur, el sindicalismo es también el problema de la vivienda, el sindicalismo es el problema de los parados, el sindicalismo es el problema de género, el sindicalismo es el problema del medio ambiente y de la destrucción de la vida, el sindicalismo es la solidaridad, el apoyo mutuo, es el internacionalismo… en fin, todo eso es el sindicalismo.
En fin, se trata de mantener por lo menos esos tres pilares, funcionamiento federal, autonomía, no depender de nadie, tomar tus propias decisiones, un sindicalismo que sea un proyecto global, que no sea estrecho, que no pierda de vista que en realidad es la explotación el enemigo, no tanto el ganar más o ganar menos. Tu aspiración es llegar a ser un hombre libre, no un esclavo mejor pagado. Lo que pasa es que, claro, tienes que organizar un sindicato en esta realidad social y uno no hace sindicalismo diciendo simplemente que hay que acabar con la explotación cuando la gente sabe que al día siguiente tiene que ir a trabajar a las seis de la mañana y al siguiente, al siguiente y al siguiente.

¿Y qué pasa con ese mal rollito existente entre CNT y CGT? ¿Cuáles son las diferencias?

El problema es que CNT no tiene como aspiración llegar a ser un sindicato realmente. CNT es más próximo a lo que es un partido político, por mucho que les duela eso. Partido político no tanto en cuanto a concepción de lucha por el poder pero sí en cuanto a una cohesión de tipo ideológico, es decir, son gente que se agrupa entorno a unas ideas, y un sindicato nunca ha sido eso, ni la CNT ha sido nunca eso. El sindicato es una agrupación natural, ligada a tu puesto de trabajo, a tu actividad concreta de cada día, que es lo que hace que te asocies para defenderte de una agresión que tienes ahí del dueño de la empresa, del patrón.
Aquí hay un problema: los anarcosindicalistas llegamos tarde, perdimos nuestro momento. Lo que es la CNT fue destruida por la represión, esa es la realidad. Es decir, todos los cuadros, los afiliados, toda la gente de CNT fue desterrada, fue encarcelada, fue asesinada o se exilió. Por eso yo, como te decía antes, en el año 69 no encontré, en la universidad por lo menos, anarquistas. La represión fue brutal, una auténtica masacre, un exterminio de la gente de izquierdas. Entonces qué ocurrió: en el 77 de repente la CNT empieza a recobrar fuerzas, joder, el mítin de San Sebastián de los Reyes…, empieza a afiliarse gente porque la CNT estaba viva, porque era la representación de ese sindicalismo autónomo que estaba todavía en la memoria de la gente. Pero en esos años no estaban maduras las cosas, no había cuadros obreros con experiencia, una mezcla de gente que venía de todos los lados… aquello estalló, porque fue incapaz de dotarse de unas estructuras. Después hubo una serie de gente que en el Congreso de Valencia dijo, bueno, vamos a trabajar en la construcción de un sindicato, y durante diez años ha sido más o menos una travesía del desierto.
Hay que tener en cuenta una cosa. La CNT luchó contra un estado que ni garantizaba la enseñanza para los hijos de los trabajadores, ni la sanidad, ni nada, ...era un estado que lo único que te prestaba era represión, era guardia civil, etc. Era un estado con una legislación laboral prácticamente inexistente, entonces estaba claro que la CNT se organizaba al margen del estado y para conseguir un convenio tenías que imponerlo, porque en esas circunstancias no tenías más salida que la pelea. Pero, nos encontramos en una realidad totalmente distinta; se ha desarrollado un estado de bienestar, entre comillas y aparentemente, pero hay una serie de cosas que son reales, por ejemplo, todo el mundo puede estudiar...otra cosa es qué tipo de escuela hay. Hoy día tienes unos mínimos derechos que no tenías en aquella época, y la visión de la gente acerca del estado no es la misma. También tienes una legislación laboral que por desgracia incluso ahora tienes que defenderte porque la están dinamitando. Te quiero decir, el que un representante de los trabajadores vaya a negociar un convenio con unas mínimas garantías de que no le van a despedir yo eso lo considero una conquista, aunque al mismo tiempo es una trampa.

¿Los comités de empresa son una conquista o una trampa?

Los comités de empresa son una conquista que, como toda conquista, tiene su trampa. Es decir, son una serie de derechos que se han conseguido, pero que le sirven también al sistema para controlar. El comité de empresa te facilita la capacidad de negociación, de llegar a todos los trabajadores y de dar una respuesta a lo que allí haya, siempre que estés informando, haciendo asambleas… En estos momentos, en el mundo del trabajo no hay capacidad de organizarse totalmente al margen de las instituciones del estado y de la propia legislación, porque de alguna manera hay algo de ella que te protege, no es una legislación exclusivamente represiva, es una legislación fruto de un consenso, de una reforma, una serie de cosas que el estado ha concedido, como puede ser el que tú estés legalizado como sindicato. Sin embargo tú sabes que esa legalidad al mismo tiempo es una trampa. Es decir, las libertades que tenemos ahora las tenemos que utilizar, igual que los comités de empresa, siendo conscientes de que esto no es la libertad ni la democracia ni nada. Los comités de empresa son una herramienta para poder utilizar, y, según como lo hagas, servirá, como en el caso de UGT y Comisiones, para poder decidir al margen de los trabajadores, firmar los convenios y pasar de todo el mundo, o, en tu caso, tiene que servir para tener una información, tener una herramienta para llegar a los trabajadores...

Un tercio de la población activa española se encuentra excluida del mercado laboral y otro tercio en situación precaria, con empleos temporales, cortitos de derechos y sin ninguna estabilidad. El último tercio, decreciente desde hace dos décadas, es el de los trabajadores con estabilidad, o sea, fijos o con garantías de poder llegar a puerto. Estos son los que engrosan las filas de los sindicatos. La participación del resto del espectro es marginal. ¿Qué utilidad tiene para un trabajador en precario o excluido del mercado laboral la participación en un sindicato?

Precisamente el trabajador precario o desempleado es el que más lo necesita. Que cada vez haya mayor número de trabajadores con contratos precarios, sin derechos, prácticamente en una situación como la del siglo XIX, del aquí te pillo y aquí te mato, hace todavía más necesario que tengas que agruparte, porque es que si no te machacan. Probablemente, no agruparte en organizaciones tradicionales. Está claro que lo que la gente tiene que hacer es autoorganizarse y buscar fórmulas creativas e imaginativas de dar una respuesta a esa situación. Ese es el reto. Y realmente por ahí, esto es una opinión personal, es por dónde CGT se puede desarrollar como proyecto de futuro de emancipación social. La CGT no te va a resolver nada, pero sí te va a dar una infraestructura, una capacidad para la autoorganización. El problema es que en esos sectores predomina una situación individual, cada uno buscándose la vida…El problema es ese. Cómo conseguir que todos estos sectores precarios se autoorganicen. Hay que darle imaginación, hay que hacer a lo mejor mucha acción directa, mucha guerrilla… hasta que los empresarios te vayan teniendo en cuenta.
Pero eso en estas circunstancias es muy difícil. Y ahí estaría nuestro reto, hacer un proyecto que influya en la sociedad, que a fin de cuentas es lo que queremos. Es decir, la CNT influía en la sociedad, influía en la política del estado aún estando contra él, se tenía que contar con la CNT. A eso aspiramos, a que la voz de los trabajadores influya en este país. La voz de los trabajadores ni está en el parlamento ni está en ningún lado, está totalmente machacada. Si consiguiéramos engarzar con todos esos sectores que están ahí y decirles: "mirad, aquí tenéis un espacio de lucha, vuestra autonomía, vuestra capacidad de decisión y a cambio os damos una infraestructura, un apoyo económico que dan los trabajadores fijos". Porque en nuestro sindicato sí que existe por un lado ese respeto a la autonomía, que sea un sindicato de precarios que podáis organizarlo vosotros mismos y podáis plantear incluso una estructura organizativa que se acople a la estructura federal perfectamente, y por otro lado, tenemos una concepción global y no corporativa, y, quiero decir, ¡joder, vais a contar con el apoyo de los funcionarios y demás trabajadores que estén en CGT!.

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