Hace
algunos meses saltó a la arena de nuestro ilustre foro lisérgico
el debate sobre el lugar de la "ideología" en nuestra
página web. Algun@s renegaban del "panfletismo" de
ciertos contenidos por mostrar un posicionamiento político explícito
además de radical, (seguramente sería esto último
lo que escandalizó a nuestro contertulio) otros reclamaban su
derecho a expresarse sobre cualquier aspecto de la vida y no sólo
en lo "lúdico", "ocioso" o "artístico"
que se supone actividad central de nuestra obra maestra Lisergia.net.
El posicionamiento
político más común entre la gente de la calle (nosotr@s
y nuestr@s vecin@s) es la pretensión de ser apolític@s.
A la pregunta sobre sus ideas políticas, una gran parte de la
gente responde: yo de política no entiendo, soy apolític@
(pronunciada a manera de palabra culta rebuscada). Desde mi punto
de vista, esto supone un error por parte del interesad@, resultando
ser un planteamiento bastante servil pues deja campo libre para que
l@s profesionales de la política y las "fuerzas
fácticas" se apropien de las decisiones que nos afectan
a tod@s: el diseño de los espacios en que vivimos, la gestión
del agua y la energía, la compra-venta de nuestro trabajo y lo
que comemos, entre otras cosas. Por cierto, la política no es
una profesión de por sí, sino la toma de decisiones colectivas
que, según la sociedad que sea, puede ser competencia (propiedad)
de un gremio, una familia, una clase social, una asamblea o una confederación
de consejos.
Esta actitud
(a)política puede encontrar una explicación en uno de
los resortes fundamentales de nuestra civilización capitalista
y modernizada: la separación y parcelación de la vida
en diferentes parcelas gestionadas por diferentes profesiones: lo que
desde hace más de dos siglos se llama división social
del trabajo y según la cual unos hacen un trabajo, otros otro
y otras son amas de casa para conformar la sociedad como un todo. Así,
la profesionalización de la política significó
crear una profesión dedicada a tomar las decisiones que afectan
a la sociedad en su totalidad, profesión en la actualidad acaparada
por gestores y técnicos que llevan el timón de nuestras
condiciones de existencia mientras nosotr@s nos dedicamos a producir,
consumir, acatar y adaptarnos.
Además,
en la actualidad más actual (hoy mismo), esta profesión
de políticos es aún más mistificadora que nunca
pues efectivamente, no son las instituciones políticas las que
toman muchas de las decisiones relevantes para tod@s sino que los llamados
poderes fácticos (eufemismo utilizado para llamar la banca y
las grandes corporaciones) toman decisiones, en privado, que afectan
a nuestras humildes economías, medioambiente y sociabilidad.
Por tanto, podemos decir sociológicamente que muchas decisiones
políticas son tomadas fuera de las instituciones que fueron creadas
para ello (Como ejemplo al alcance de la mano, el Banco Central Europeo,
es un organismo autónomo que no tiene que rendir cuentas a ningún
gobierno; quienes se manejan ya con hipotecas, préstamos, etc
saben bien lo que significa esto).
En nuestra
sociedad que vivimos, sociedad del espectáculo donde algunos
actúan y la muchedumbre es espectadora, se da, por tanto una
doble mistificación de la política que nos empuja a ser
no ciudadanos sino súbditos del régimen que vivimos: la
Democracia de Mercado. Por un lado la existencia de políticos
profesionales implica que si un servidor es carpintero no tiene formación
ni capacidad de ser político (a pesar de que ser político
es una de las características inherentes de todo ser humano,
como decía Aristóteles: Anthropos, zoom politikon) y por
tanto debe delegar sus asuntos e intereses a un profesional.
Por otro lado, estos profesionales de la política ni siquiera
mandan realmente, su profesión ha derivado en pura pantomima
que mediante el papel de técnicos (tecnócratas) interpretan
las abstractas e impersonales fuerzas de la economía
mundial para ejecutar "medidas" (eufemismo para presentar
las decisiones políticas como cuestiones puramente técnicas).
Tal y como hacían los sacerdotes de los imperios antiguos - primeros
grandes timadores de la historia escrita- que se comunicaban con la
divinidad y de su encuentro extraían las decisiones
en forma de designios. Esta doble mistificación hace que las
gentes de a pié vean todas estas cuestiones como demasiado complicadas
para ser incluidas en sus actividades diarias por lo que vuelven a delegar
su responsabilidad.
La apolítica
es por tanto un acto político. Un acto de delegar (no sólo
porque la ley lo diga sino porque es lo que nos apetece) la gestión
de nuestros asuntos cotidianos (el agua, la comida, el trabajo, el aire)
en otros para que hagan lo que ellos mejor vean. Considerarse apolític@
es, sobre todo, una irresponsabilidad que nos convierte en súbditos
voluntarios a cambio de no tener que comernos el coco ni en la política
ni en cómo apoderarnos de ella. La posición del apolític@
responde meramente a la comodidad que supone ser dominad@s y a la aceptación
de la infantilidad que nos desean quienes sí se ocupan de sus
asuntos y, además, sacan provecho de los nuestros.
Y como ya hemos visto que la política también está
(sobre todo) fuera de las propias instituciones, no debemos entender
que hacer política es votar cada cuatro años o ver todos
los sábados "Parlamento" sino que la política
se encuentra en cada pedacito de nuestra vida y más que parlamentos,
senados o congresos de los diputados, la política son las decisiones
que tomamos a cada momento en nuestro consumo, vecindario o vida laboral.
Quienes queremos ser ciudadanos y no súbditos debemos luchar
por apropiarnos de la política, de la gestión de las cosas
que nos afectan; algo que no será posible hacer sól@s
y por tanto hay que comunicar y construir entre much@s.
Termino
con un verso de Gabriel Celaya que, si bien habla de poesía,
nos vale para cualquier actividad, entre ellas -por supuesto- lisergia.net.
[...]Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por
los neutrales
Que lavándose las manos se desentienden y evaden
Maldigo la poesía de quien no toma partido,
partido hasta mancharse [...]