La
conmemoración de los atentados del 11 de septiembre ha sido aprovechada
por el presidente norteamericano, George W. Bush, para "declarar
la guerra al terrorismo" y anunciar su firme intención de
emprender un nuevo ataque contra Irak. "Siempre que los terroristas
y los dictadores hagan planes contra nuestra vida y contra nuestra libertad,
tendrán que luchar contra el Ejército, los guardacostas,
la fuerza aérea y los marines de EE.UU.", escupió
Bush en su discurso en el Pentágono golpeando con el puño
cerrado el atril en un ejercicio de retórica ranchera al uso.
Al día siguiente, José María Aznar, al tiempo que
aseguraba, cual perrito faldero del antiguo gobernador tejano, que España
estará "siempre con aquellos que con nosotros y como nosotros
luchan por la causa de la libertad y contra el terrorismo", declaraba
ante el Congreso la "guerra a la delincuencia". A la pequeña
delincuencia, claro está.
La decisión unilateral del gobierno estadounidense de proseguir
con la "batalla entre las naciones de los pueblos libres y las
fuerzas que tratan de hundir al mundo en la oscuridad de la tiranía
y el terror", como si de El Señor de los Anillos
se tratase, afectará a millones de personas, muchas de las cuales
lo pagarán con la muerte y la miseria, otras verán sacrificadas
sus libertades y una pequeña minoría sacará provecho
de ello en forma de poder, control y riqueza. Según los cálculos
de un asesor del propio Bush, el coste de una guerra contra Irak llegaría
al 2 % del Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos, entre 100.000
y 200.000 millones de dólares, aunque no debería afectar
a la actividad económica ni provocar la recesión en el
país de Mickey Mouse.
El Plan de Lucha contra la Delincuencia presentado por el gobierno español,
calificado como "la iniciativa más amplia que se ha tomado
en nuestra historia reciente para garantizar la seguridad ciudadana",
también repercutirá gravemente en la población
en cuanto a recorte de libertades, mayor control policial, encarcelamiento
de pobres, enfermos y marginados, así como un gasto público
de 500 millones de euros.
La nueva cruzada por "la libertad y la democracia" esconde
las verdaderas intenciones del Tío Sam y del Tío Pepe.
La "guerra contra el terrorismo y contra la delincuencia"
de estos señores de la guerra es, en verdad, una guerra
contra los pobres y los oprimidos. Sus esfuerzos van dirigidos a afianzar
y expandir su poder so pretexto de defenderse de la amenaza del caco
y del turbante.
La "lucha por la libertad" y contra "los terroristas
y los dictadores" del mandarín norteamericano se traduce
en la realidad en el incremento del presupuesto militar, en la promulgación
de medidas represivas y disciplinarias, en la suspensión de derechos
y libertades civiles y licencia para el intervencionismo bélico
y, por supuesto, comercial. La historia ha sido testigo del "carácter
liberal y democrático" de los EE.UU, y las poblaciones de
decenas de dictaduras, desde Chile hasta Timor, pueden certificarlo.
Tras los deseos "libertadores" de agresión a Irak,
se esconden intereses geoestratégicos y políticos. El
mismo The Washington Post afirmaba que "el derrocamiento de Sadam
Husein sería como el maná para las compañías
petrolíferas norteamericanas, proscritas desde hace mucho tiempo
en Irak". El vicepresidente Dick Cheney tampoco se andó
con rodeos a la hora de defender un ataque militar contra Irak: "El
derrocamiento de Sadam traerá beneficios".
La "guerra contra la delincuencia" del nuevo caudillo español
significa el endurecimiento de la política penitenciaria, con
penas más rigurosas y duraderas, la expulsión de las personas
inmigrantes "procesadas o inculpadas" en delitos menores y
la ampliación de la maquinaria policial, con la contratación
entre 2002 y 2004 de 20.000 efectivos (12.825 maderos y 7.175 picoletos).
El esfuerzo realizado desde el gobierno para hacer creer a la población
que la política de "tolerancia cero", la mano dura,
es la mejor manera de acabar con la delincuencia, se ve menoscabado
por las cifras y los hechos: desde 1996, año en que el PP subió
al poder, los delitos aumentaron en un 16 %, aunque eso sí, la
Policía Nacional y la Guardia Civil "cada vez detienen a
más sospechosos".
La demencia criminal de estos dos energúmenos, cabezas visibles
y voceros de la clase dominante, provocará montones de víctimas
por un lado, y montones de billetes verdes por otro. Estos indeseables
tienen siempre la habilidad de sacar provecho de las desgracias ajenas.
God bless the system.