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Pocos días después del atentado del 11 de septiembre, el presidente español José María Aznar se reunió con su homólogo turco, Bulent Ecevit. En un arranque de ironía, imprudencia y hermandad hispano-turca, el dirigente de Ankara declaró a los medios de comunicación masiva: "Tanto España como Turquía combaten desde hace mucho tiempo el terrorismo, por
eso es muy importante su experiencia; y esa lucha se ha hecho sin salirse de las normas democráticas".
No estaría de más recordar que Turquía lleva inmersa en un conflicto armado con el pueblo kurdo desde 1984 en el que las Fuerzas de Seguridad han practicado graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos, según ha denunciado repetidamente Amnistía Internacional y Human Rights Watch. En la presentaciónde su informe <<Turquía: Todavía sigue pendiente poner fin a la tortura y a la impunidad>>, Amnistía Internacional afirmaba que el carácter sistemático y generalizado de la tortura en Turquía hace que prácticamente todo el mundo corra el peligro de ser torturado.
Según esta organización humanitaria, en Turquía, a los detenidos se les suele vendar los ojos durante los interrogatorios, y en algunos casos durante todo el periodo de detención policial, para evitar que identifiquen a sus torturadores. Como métodos más comunes de tortura y malos tratos, los detenidos son golpeados brutalmente, obligados a desnudarse, sometidos a abusos sexuales, amenazas de muerte o violación y otras torturas psicológicas, sometidos a descargas eléctricas, colgados de los brazos, privados
del sueño, la comida, la bebida y el uso del retrete.
La introducción de las cárceles de alta seguridad de tipo F, "diseñadas en celdas individuales", ha
aumentado la preocupación de las organizaciones de derechos humanos por la seguridad de los presos. Si bien la tortura se produce fundamentalmente bajo custodia policial, sigue dándose en las cárceles y durante los traslados. La población reclusa asciende a 40.000 personas. Más de 10.000 presos, según datos del Centro de Colaboraciones Solidarias, son presos pertenecientes o simpatizantes de organizaciones comunistas y anarquistas.
"Las mujeres y los niños son también víctimas de
tortura, que no están restringidas a los sospechosos de delitos tipificados por la legislación antiterrorista, sino también a muchas personas acusadas de delitos comunes", denuncia Amnistía Internacional.

Los informes revelan la existencia de salas de
interrogatorio con aislamiento acústico, especialmente preparadas y equipadas para la tortura. Además, las organizaciones en defensa de los derechos humanos han demostrado que se utilizan técnicas de tortura y malos tratos que no dejan señales cuando los agentes policiales esperan que un detenido vaya a ser puesto
en libertad tras estar bajo custodia policial.
En este contexto, España mantiene intercambios
económicos muy favorables con Turquía. Según datos del Ejecutivo del primer semestre del año 2000, las ventas en material de defensa reconocidas alcanzaron los 1.781 millones de pesetas. Por el contrario, diversos países de la Unión Europea han decidido congelar
algunos contratos para la exportación de material de defensa a Turquía.
José María Aznar, tan amigo de sus amigos, no quiso puntualizar las ambiguas palabras del Primer ministro turco. Ni falta que le hizo, pues ya sabemos todos por dónde van los tiros.