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El Estado señala y el Fascismo ejecuta.

No corren buenos tiempos para la razón. Y no me refieron a la razón de Estado esgrimida por los tecnócratas a la hora de subyugar a la plebe, ni a la razón impresa propiedad de Luis María Ansón, sino a la razón cuyos sueños, como decía Goya, producen monstruos.

La sociedad se ha transformado en un frenopático de enormes dimensiones cuyos directores y celadores están aún más zumbados que sus internos. El Gran Hermano nos vigila y la ideología de la represión se cuela por los resquicios de la vida social calando profundamente al primer descuido. En ocasiones se manifiesta de un modo brutal y patético.

Ocurrió por ejemplo hace unas semanas, a principios de octubre, en la sevillana plaza de El Salvador, donde los jóvenes se concentran los fines de semana a hacer el conocido botellón. Cuatro compañeros se encontraban allí bebiendo cuando uno de ellos, que vestía con una camiseta en la que se leía en euskera "Presos Vascos a Euskalerría", fue increpado por una persona que le acusaba de etarra, terorista y asesino. Los jóvenes optaron por no hacerle caso y evitar así problemas. Alguno de ellos quiso explicarle que lo que pedía en su camiseta era el acercamiento de los presos a sus hogares y a sus familias, derecho reconocido por la leyes españolas y vulneradas por las autoridades de forma continuada. Pero el hombre no atendía a razones y siguió insultándoles hasta el momento en que comenzó a arengar a la multitud que se concentraba en la plaza gritando:
-¡Esta gente son de la ETA, son terroristas, mirad sus camisetas!
Impresionados, los compañeros acusados decidieron escapar de tan patética situación, siendo su sorpresa cuando algunas personas empezaron a cerrarles el paso. Entonces se inició una lluvia de golpes, patadas e insultos. Un linchamiento cobarde. La policía intervino llevándose a los jóvenes malheridos al hospital. Sin embargo, se negaron a tomar declaración a los testigos ni efectuar detención alguna.
El Estado, sus voceros los medios de comunicación y el iluminismo de pocas luces de ETA pueden sentirse satisfechos. Han conseguido contagiar su locura a buena parte de la sociedad. Han convertido a cada ciudadano en un policía.