Desde
hace ya bastantes años, más tarde o más temprano
un@s y otr@s, nos hemos ido dando cuenta de que la sociedad en que nos
ha tocado vivir no es, precisamente, un paraíso.
A diario, observamos que aquellos valores humanos, que podrían
hacernos la vida más placentera y la convivencia más armoniosa,
están siendo desplazados.
En cambio desde niñ@s, nos vemos inmersos en un mundo que potencia
el egoísmo por encima de cualquier otra virtud. Nos rodea la incomunicación,
somos pequeños islotes preocupados por nuestra existencia y en
la mayoría de las relaciones buscamos, consciente o inconscientemente
nuestro único bienestar.
La sinceridad cede frente a un mar de "bocas sonrientes que mienten
y oídos que permanecen inertes".
Vemos, a diario, que es necesario que personas, barrios, ciudades y países
produzcan masivamente para que en otros lugares coman, se vistan o se
diviertan. Nos alegramos porque compramos artículos muy baratos
y no nos paramos a pensar que en Taiwán, La India, Perú,
el campo o en esa fábrica de tu ciudad, miles de gentes trabajan
en las condiciones más pésimas por muy poco.
Queremos folios del mejor papel, bolsas y botellas más resistentes,
envases con más conservantes, queremos lavadoras, estufas, depiladotas,
videoconsolas y un sinfín de electrodomésticos de último
modelo. Devoramos enormes cantidades de comidas y usamos todo un surtido
de "maravillosos cacharros" que parecen mejorar nuestro nivel
de vida pero a cambio, esa gran cantidad de energía, materia y
alimentos que consumimos requiere que entornos naturales, desde el río
más cercano hasta la más perdida selva sean devastados abusivamente
para que crezcan centrales nucleares, polígonos industriales y
grandes centros de sobreproducción animal y vegetal.
Si vemos claramente que todo esto no funciona, ¿por qué
continuamos comportándonos así?. Está claro que podríamos
buscar todas y cada una de las causas de la situación en la que
nos encontramos pero es indiscutible que una de las grades responsables
es la educación recibida y transmitida, pero ¿cómo
nos estamos educando?:
Cuando un/a niñ@ nace, su ambiente se ve mediatizado, en primer
lugar, por su familia, que es el entorno donde va a comenzar a desarrollarse.
Su familia estará ubicada en un entorno social concreto que a su
vez estará integrado mejor o peor en toda la sociedad, en su conjunto.
Esta sociedad en la que nos toca vivir parece seguir siempre un esquema
fijo:
· En primer lugar, La Familia tiene una imagen "estándar"
que perpetua generación tras generación los mismos valores
y comportamientos:
1. Se organiza jerárquica y patriarcalmente. Desde pequeños
vemos como la figura del padre asume el mando, después la madre
(sumisa y esclava) y por último l@s hij@s, que suelen ser tomados
como una propiedad privada.
2. Crea lazos de dependencia afectiva y económica, dificultando
la autonomía y la asunción de responsabilidades, potenciando
miedos a los acontecimientos y situaciones nuevas.
3. Delega la capacidad educativa de sus miembros en los centros escolares.
Por lo visto, las escuelas son vistas como grandes y absolutas poseedoras
del saber.
· El siguiente elemento, El Ambiente, llega
condicionado por un determinado "status social" dentro de
un sistema de clases que determina, sobre todo mediante el nivel económico,
los patrones sociales que tod@s tendremos que asumir.
Dependemos de nuestro sexo, nuestra edad, nuestro nivel de supervivencia
para movernos por una sociedad marcada por relaciones de poder, "las
jerarquías", que son las que generan las desigualdades y
los abusos.
Además, este sistema demuestra que no tiene la menor intención
de cambio, se ayuda de la política, de determinadas instituciones
(ejército, iglesia…) y de los medios de información
especialmente la TV y la publicidad, para seguir falseando la realidad
y vendernos otra que favorezca los intereses del poder. Tendemos a ser
ciudadan@s y trabajadores/as "eficientes", dependientes de
un Estado y sus pilares, aceptando como inevitables las injustas relaciones
de explotadores/as y explotad@s.
· En último lugar, dentro de este marco global, La escuela,
que no es más que un instrumento del Estado que se encarga de
transmitirnos, desde pequeñ@s, los valores que consigan hacernos
dependientes de su propio sistema.
Desde la primera incorporación, la escuela, entendida como institución,
nos adiestra como ciudadan@s especializad@s para la futura incorporación
a un mundo que produce necesidades falsas y valores destructivos.
- La escuela, que estructura también de forma jerárquica
y mediatizada, (consejos, delegad@s, directores/as…) persigue
la creación de competidores/as sin autonomía, libertad
ni capacidad de decisión. La competencia favorece la supremacía
de l@s más y mejor preparad@s y dependen de la privatización
y especialización de las ofertas de formación.
- No pretende seguir ni respetar el desarrollo y la progresión
de cada individuo sino que dispone etapas y cursos concretos y absolutos.
No importa que un/a niñ@ aprenda más despacio que otr@,
lo que importa es la tremenda obsesión por encasillarl@s en una
estructura que depende sólo de la edad.
- Diseña unas programaciones cerradas, en las que el alumn@ no
decide, ni critica, ni asume responsabilidades. Esto supone una clara
incapacidad de participación en nuevas y selectivas situaciones
del mundo que nos rodea.
- Son tan competitivas como la sociedad en sí (exámenes,
notas, selectividad…).
- La información que se trasmite es completamente subjetiva y
censurada en beneficio de las pautas de comportamiento que el Estado
quiere conseguir. Hay censura sexual, política, histórica,
científica…
- Para reparar sus errores utiliza academias y la formación a
distancia que no hacen sino poner parches repitiendo los mismos métodos
equivocados.
- Es una escuela que se preocupa de la memorización de datos
y conceptos condenados a ser olvidados por su falta de significatividad
y desarrolla unas actitudes que sólo cubren las expectativas
que a ellos conviene que cumplamos pero olvidan las necesidades culturales
y prácticas que ansiamos y pedimos. La disciplina académica
no contiene todo el saber de la vida. Olvidan la espontaneidad del ser
humano y la necesidad de aprender a desenvolverse en su entorno más
inmediato, real y cotidiano (cocina, higiene, electricidad…).
Es, en resumen, un sistema educativo que ha olvidado las demandas y
el instinto de l@s individu@s y siguen manteniendo el fracaso en las
escuelas, la falta de comunicación en los institutos y la pasividad
universitaria, vacía de vocaciones e ilusiones. Los resultados
son personas frustradas, estancadas en trabajos desmotivadotes y mecánicos.
Ante este
caos educativo que parece seguir un camino lineal, sin progreso, y apoyándonos
en todas las experiencias que cada un@ de nosotr@s ha sufrido, nosotr2s
nos rebelamos como un colectivo que lucha u sueña con una enseñanza
que no es ni nueva ni imposible. Pretendemos enseñar y aprender
con la básica idea de que la educación está en
todas partes. Entendemos la educación como el amplio concepto
que es y no podemos limitarla a un determinado espacio y a un determinado
tiempo, el cambio social es imprescindible aprendemos constantemente
y allá donde estemos, estará también nuestro aprendizaje.
Educación es aquello que lleva a la formación de los individuos.
Esta idea y el pésimo estado escolar y social hacen que nos esforcemos
en buscar una alternativa. Nuestras vivencias, nuestros primeros encuentros
y dos años de trabajo en nuestro proyecto nos convencen de que
lo que perseguimos no es una utopía y tenemos motivos más
que suficientes para seguir aprendiendo y enseñando.
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