Entrevista con José Luis Gutiérrez Molina
-Tercera Parte-
Por Enrique Cimiento y ApostoloZeno

El historiador José Luis Gutiérrez Molina es uno de los más prolíficos investigadores del anarquismo y de la historia social contemporánea de Andalucía. Ha escrito decenas de libros -el último, La tiza, la palabra y el papel, una biografía del maestro y anarquista gaditano José Sánchez Rosa-, pronunciado cientos de conferencias, asistido a innumerables congresos, publicado abundantes artículos y participado en diversos grupos de investigación. Actualmente, su labor investigadora se centra en proyectos dedicados a la recuperación de la Memoria Histórica, como la iniciativa de El Canal de los Presos. A principios de verano, Lisergia.net se tomó unos cafés con este erudito libertario y aprovechó para preguntarle sobre los orígenes del anarquismo en Andalucía, sobre el alcalde gaditano Fermín Salvochea, sobre la revolución española de 1936, sobre la vigencia de las ideas libertarias hoy día, sobre el movimiento por la Recuperación de la Memoria Histórica, sobre la "democracia" que se cocinó durante los años de la Transición y sobre muchas otras cuestiones. Tantas que la entrevista la publicamos por entregas, como la Novela Ideal de los Montseny. Aquí va la tercera y última parte.

ApostoloZeno: Qué nos cuentas de Fermín Salvochea, una figura no sólo destacada en el mundo libertario internacional, sino también en su ciudad natal, Cádiz, de la que fue alcalde. ¿Cómo se come eso de un alcalde anarquista?

José Luis Gutiérrez Molina: Fermín Salvochea es un ejemplo de lo que hemos estado hablado antes, de esa imbricación, esa trama entre los distintos grupos sociales e individualidades que funcionan en un momento determinado en el que, por un lado, se está estructurando el mundo societario obrero, con la entrada de las ideas libertarias o bakuninistas, o kropotkinianas -porque a fín de cuentas Salvochea más que colectivista va a ser anarco-comunista-, y por otro, se están dando esas relaciones entre sectores de la burguesía y mundo obrero.

Salvochea procedía de una rica familia de Cádiz. Se radicaliza políticamente en los momentos previos a la revolución de la Gloriosa. Va a comulgar con esos planteamientos de ideas sociales que va a tener el republicanismo federal, convirtiéndose en una de sus máximas figuras no solamente en Cádiz, sino en toda España. Antes de ser diputado será alcalde de esta ciudad, va a ser concejal en las elecciones de 1873, si mal no recuerdo. Dentro de este magma desde la Primera República va a adoptar unas posiciones, por un lado, republicano-federales, que le llevarán a abanderar el cantonalismo. Los procesos cantonales fueron una fórmula de presionar al gobierno republicano para que Pi i Margall -republicano federal-, que presidía la jefatura del Esado, implantara en España una auténtica república federal. Y las insurrecciones cantonales fueron ese intento de empujar al gobierno para que proclamase la república federal.

Fermín Salvochea abanderó el cantón de Cádiz. Salvochea, con esas ideas de republicano federal, tiene presente la cuestión social, el problema del mundo obrero que nace, el problema del campesinado, etc., y va a tener contacto muy pronto con los grupos de la I Internacional presentes aquí en Cádiz. En Cádiz se crea uno de los primeros grupos de la Internacional en 1870, y Fermín Salvochea va a conocer y a formar parte de este mundo. Hay quien dice que desde 1871 ya era internacionalista. Seguramente lo sería, por lo menos así aparece en la prensa. No era nada extraño, en aquel momento había obreros, republicanos burgueses, radicalizados... Y después de la experiencia cantonal y los años de cárcel fue cuando, después de su huida y regreso a España, se decanta por el mundo obrero, por el mundo en ese momento de la Internacional, de carácter libertario o bakuninista, y a pesar de los requerimientos que le hacen desde Cádiz los republicanos federales para que vuelva a incorporse al partido, lo rechaza y se va a convertir en una de las figuras más destacadas de la I Internacional aquí en Cádiz. Hasta el punto de que en 1892, cuando el llamado 'asalto campesino a Jerez', Salvochea, que está detenido por haber sido uno de los impulsores de las campañas del 1 de Mayo en España, las autoridades ven el cielo abierto para meterlo dentro del proceso condenándole a prisión. Cuando a Salvochea lo ponen después en libertad en 1901, es ya el referente casi mitológico del mundo obrero y campesino.

Salvochea encarna esa figura íntegra del anarquista. Ha tenido la capacidad de evolucionar, era una persona culta, estaba al día y ha pasado de los primeros planteamientos colectivistas bakuninistas -donde los medios de producción son socializados pero no el producto- a los planteamientos de Kropotkin que defendían que no sólo debía socializarse los medios de producción sino también el producto; no podemos estar todos los zapateros, por ejemplo, trabajando en una colectividad y cada uno llevarse distintas partes porque sería insolidario. Habrá zapateros que trabajen más rápido, que tengan más capacidad y no por eso deben de recibir más. Hay que socializar todo para prestarse el apoyo mutuo. De cada uno según sus posibilidades y a cada uno según sus necesidades.

El periódico El Socialista acabará subtitulándose "periódico anarcocomunista" y Salvochea se ha convertido en un referente simbólico del movimiento obrero y de la sociedad española en general. Es significativo por eso que hablábamos antes de esa imbricación de las ideas libertarias en la sociedad española. Salvochea sería una figura que serviría muy bien para simbolizar, junto a Anselmo Lorenzo, ese primer anarquismo, como otras figuras como Salvador Seguí o Ángel Pestaña servirían para el período del anarcosindicalismo entre 1915 y la Segunda República, o personas como los hermanos Ascaso o aquí en Cádiz Miguel Pérez Cordón o Vicente Ballester servirían para representar el anarquismo de 1936.

Enrique Cimiento: La gente en Cádiz todavía lo venera, ¿por anarquista o porque era muy buena persona?

José Luis Gutiérrez Molina: Yo creo que por ignorancia, porque la gente cuanto más inculta es más necesidad tiene de agarrarse como clavo ardiendo a cualquier cosa, y me da igual que sea un santo de la Iglesia oficial que un santo laico. Yo he estado en el cementerio sentado al lado de la tumba de Salvochea escuchando lo que decía la gente que llegaba y tú veías a una mujer que servía de medium y a través del pan o de las flores Salvochea daba casa y trabajo. Y eso si Salvochea pudiera verlo estaría revolviéndose en la tumba. Eso indica ese nivel tan bajo de esta sociedad donde la capacidad de autoanálisis, de libertad en definitiva...Yo creo que la libertad es capacidad de elección. Una persona que no tiene capacidad de elección no es libre, una persona que tiene que ir a depositar unas flores o una migaja de pan en un vaso de agua a un cementerio porque le han dicho que este señor, que posiblemente no sepa quién es o quién fue, va a solucionar sus problemas podrá ser cualquier cosa, feliz o infeliz, pero desde luego no podrá ser libre ni podrá tener la capacidad de elevarse. Así que nada, que hagan santo a Salvochea y lo pongan ahí en San Juan de Dios. A fin de cuentas Salvochea cogió el convento de San Francisco y se lo dió al Círculo Republicano Guillén y aquello se convirtió en una especie de templo laico republicano.

ApostoloZeno: Porque a efectos prácticos el cantonalismo gaditano tuvo una cortísima vida y apenas hubo medidas revolucionarias, ¿no?

José Luis Gutiérrez Molina: Sí hubo medidas lo que pasa es que el cantón duró tres semanas, hasta que Salvochea entregó la ciudad al cónsul americano, no se la iba a entregar al enemigo, ¿no? Si Salvochea hubiera sabido en lo que se iban a convertir los Estados Unidos, se lo hubiera pensado mejor. Estados Unidos por entonces era una de las grandes esperanzas de un nuevo mundo, un nuevo estado inspirado en la revolución y por eso entrega Salvochea la ciudad al cónsul americano.

ApostoloZeno: Hemos hablado antes de ciertos prejuicios que hay sobre el anarquismo, sobre el supuesto escaso nivel intelectual o cultural del anarquismo. Sin embargo, el anarquismo siempre ha puesto mucho empeño en la labor cultural, con los ateneos obreros, los periódicos, la novela ideal, las escuelas racionalistas... ¿Cuál es el legado cultural del anarquismo y qué papel jugó en la educación popular?

José Luis Gutiérrez Molina: Importantísimo. Yo no creo que los ministros del PP que viven con sus parejas de hecho sepan que eso se lo deben a que en el siglo XIX los anarquistas se negaron a casarse, no solamente por lo religioso sino también por lo civil, y comenzaron a vivir en concubinato o amancebados como se decía entonces, cosa que ellos defendían como una forma de vida. Algo que hoy está tan aceptado, que incluso los ministros de la derecha lo aceptan como una cosa normal, se debe a los esfuerzos de esos anarquistas del siglo XIX. Tampoco sabrán muchos de los vegetarianos y naturistas de este país que esas prácticas fueron introducidas por los anarquistas. Ni muchas de las personas y maestros que dan clase en educación de adultos sepan que las primeras escuelas de adultos que se crearon en este país estaban creadas por anarquistas.

Además, el anarquismo, a diferencia del comunismo o del socialismo, no se proclama como ideología de clase. El anarquismo busca la emancipación de toda la humanidad. Un panfleto anarquista no va a estar dirigido a una clase concreta, va a estar dirigido a la humanidad, a los hombres y a las mujeres. Teniendo presente que es una ideología que dice que la transformación de la sociedad no sólo va a ser posible mediante la apropiación y el reparto de los medios de producción, sino que debe ir acompañada de una transformación interna previa, evidentemente era lógico que dedicaran sus mayores esfuerzos a la elevación de la instrucción y de la capacidad cultural y de aprendizaje.

Y digo capacidad de aprendizaje y no de educación porque educación es educare, conducir, casi amaestrar, sería más aplicable a la enseñanza estatal o religiosa. Y yo prefiero para el mundo anarquista utilizar la palabra aprendizaje. Es decir, el hombre necesita ir aprendiendo para ser precisamente capaz de elegir, para poder ser libre y establecer voluntariamente, a partir de su propio aprendizaje, los límites de su libertad con respecto a la convivencia con los demás. Y por eso era lógico que pusieran especial hincapié en la producción de folletos, periódicos, revistas, etc. y sobre todo en la cuestión educativa.

Una de las grandes fallas del estado español ha sido que hasta el franquismo no ha tenido realmente un sistema educativo que mereciera llamarse propiamente así. El estado liberal burgués español delegó en la Iglesia católica el control de la educación con todo lo que eso suponía de control moral y ético. Los anarquistas supieron ver que era preciso tener unos medios para formar al mundo obrero, no solamente por la necesidad de autodefensa (un obrero analfabeto era más fácilmente manipulable que uno que no lo fuera), sino también para ir formando ese nuevo hombre que, como diría Durruti, llevara un nuevo mundo en su corazón.

El verano del 36 no es explicable sin toda esa labor propagandística y educativa desde 1870 en adelante.Y en ese sentido, toda sociedad obrera de tendencias libertarias, siempre que tuviera medios económicos, tenía una escuela en su sede. Porque ellos tenían muy claro que la reivindicación obrera y la educación no podían separse, tenían que estar unidas, porque si no la educación podría llegar a convertirse en un mero instrumento de acumulación de conocimientos y olvidarse de que se aprende para transformar el mundo. No se aprende para yo saber más y poder mandar sobre ti o manipularte. Y eso era necesario, que estuviera unido el mundo de la sociedad obrera, el mundo laboral de la reivindicación con el mundo de la educación y de la cultura.

Podríamos poner varios ejemplos: la imagen del maestro anarquista que va vendiendo su conocimiento a cambio de unos céntimos en la jañañías y en los cortijos para enseñar a los trabajadores y a sus hijos a leer; las escuelas formadas en las propias las sociedades obreras, los debates teóricos que hay, desde la escuela integral que aparece ya en los primeros congresos, y precisamente presentada por sociedades andaluzas -creo que fue Trinidad Soriano, el delegado de Sevilla, quien redactó el dictamen de escuela integral del II Congreso, el de Valencia, de la Federación de la Región Española-; las escuelas ya estrictamente obreras que empiezan a crearse a finales del siglo XIX; o ya la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, que sin ser estricamente libertaria, sino más bien librepensadora, fue muy apoyada por los anarquistas y tuvo unos fuertes contenidos libertarios, precisamente porque enraizó muy bien con los planteamientos educativos obreristas del mundo libertario. La Escuela Moderna lo que hace es facilitar el referente educativo y sobre todo los libros de texto que se utilizaban en las escuelas a esos maestros anarquistas que pululaban por ciudades y por campos. Da un referente teórico y sobre todo la editorial, la Revista Moderna, les presenta unos libros que ellos creen que son buenos o al menos más válidos que los tradionales manuales que existían; o sino después las propias escuelas obreras que van siendo creadas, como la de Sevilla de Sánchez Rosa o aquí en Cádiz la de Rendón, que es republicana pero está apoyada por el mundo obrero libertario, o la de los grandes sindicatos de Barcelona, la Natura, Sol y Vida, etc. Son ya escuelas que responden a un sentido masivo, ya no son las escuelas en las propias sedes de los sindicatos sino que tienen edificio propio aunque esté apoyada por los sindicatos.

i te fijas bien, en los grandes procesos contra el anarquismo obrero -que lo que buscaban era paralizar el desarrollo del obrerismo- siempre había maestros entre los ejecutados, en el caso de la Mano Negra, en el caso de Jerez del 92, en el caso de Montjuic de 1995, Ferrer en 1909... Y ya durante la represión franquista de los sublevados el número de maestros anarquistas que son asesinados es enorme. Al propio Sánchez Rosa, que tiene más de 70 años en ese momento, era diabético y estaba en cama en su casa, van a buscarlo un grupo de carlistas y lo fusilan. Es decir, el estado fue consciente del peligro que tenía esa dedicación a la educación del mundo libertario.

ApostoloZeno: El filósofo y comunicólogo Jesús Martín-Barbero dice que el mundo libertario tuvo una especial sensibilidad, una especial habilidad, de servirse de la cultura popular para propagar sus ideas. Un ejemplo de eso podría ser la Novela Ideal de los Montseny, ¿no?

José Luis Gutiérrez Molina: La Novela Ideal es otro tema. Está conectado con el mundo de la lectura. Normalmente durante el siglo XIX y a principios del XX los periódicos, que eran tipo sábana, en una o dos páginas solían llevar en la parte inferior, ocupando las cuatro o seis columnas que tuviera el periódico, una novela por entregas. En los periódicos anarquistas y obreros esas novelas normalmente solían ser de carácter social, obras de Zola, de Eugenio Sué, de Blasco Ibañez o de anarquistas como el propio Urales. O sea, se trataba no sólo de una práctica del mundo obrero sino también del mundo burgués.

A partir del siglo XX eso se ve que la gente lo compra y lo lee, entonces empieza a sacarse de los periódicos ese tipo de folletones y se crea el folleto o folletón, que se venderá semanal o quincenalmente. Empiezan a surgir colecciones de carácter literario, algunas más avanzadas que otras. Hay un autor que influye mucho en el anarquismo español por sus novelas librepensadoras e incendiarias que es un colombiano que se viene a vivir a España que se llama Vargas Vila. Vargas Vila era todo un mito, era un librepensador, no era del todo libertario, pero era anticlerical con lo cual sus novelas eran muy seguidas.

Ya en la segunda década del siglo XX esto se convirtió en todo un negocio con grandes tiradas que eran muy leídas. Dentro del mundo libertario está la familia Urales, formada por Juan Montseny, Teresa Mañé y su hija Federica Montseny, que son editores de periódicos y de revistas como la Revista Blanca, Tierra y Libertad o El luchador, ya en los años 30. Ellos viven de la edición de esas revistas y otros libros y ven que el folletón es muy comprado en los medios obreros y se les ocurre hacer una novela que transmita la idea anarquista. Entonces en 1923 van a sacar la colección de la Novela Ideal, que tendrá un éxito fulminante.

La Novela Ideal tenía una serie de principios muy pensados. Estamos hablando en un momento donde se produce el desarrollo de las vanguardias. En el anarquismo ha habido una reacción ambivalente por los intelectuales y las vanguardias. Muchos de los intelectuales pasan en un momento determinado por el anarquismo, pero después lo olvidan y se convierten en grandes detractores del anarquismo, vendiéndose al capital. Entonces todo lo que sería la experimentación formal, la familia Montseny lo ve con recelo porque lo que le interesa es el fondo. A partir de esa premisa, van a lanzar esta colección de novela que va a tener una serie de características. Una es que los autores van a ser mayoritariamente obreros, Juan Montseny y Federica Montseny van a escribir muchos de los artículos pero la gran mayoría van a ser de militantes obreros anarquistas, remunerados por la familia Montseny. Otra característica es que van a salir en serie, para que su coste sea más barato. Y una tercera que va a ser una colección dirigida para cumplir la finalidad que la familia Montseny exigía a sus autores: las novelas tenían que tener una trama amorosa, tenían que tener un final feliz, no podían acabar mal -aunque el militante obrero fuera represaliado y vapuleado al final tenía que emigrar para fundar una colonia anarquista o si era detenido y asesinado pues moría por la anarquía-, tenían que tener 32 páginas con un número de caracteres determinado, y en su temática debían tener la difusión de las ideas anarquistas, fundamentalmente un fuerte carácter anticlerical, y más que sindicalistas van a ser individualistas.

Estas novelas llegaron a tener tiradas de 50 mil ejemplares y supuso un éxito económico para la familia Montseny y un éxito para la difusión de la Idea. Pero yo no relacionaría la Novela Ideal con el mundo educativo obrero.

ApostoloZeno: ¿Qué vigencia crees que pueden tener las ideas libertarias hoy día? ¿Es posible hablar todavía hoy de anarquismo?

José Luis Gutiérrez Molina: Yo creo que los términos no son importantes. Nosotros de alguna forma, por nuestra trayectoria vital, estamos dentro del mundo de referencia de la ideología anarquista. Es decir, hasta que se abandone el término anarquista para definir a una persona rebelde, inconformista, que no acepta la injusticia ni la explotación, entonces seguirá teniendo vigencia la palabra anarquista. En su estructuración clásica, el anarquismo, como toda obra humana, corresponde a las personas que lo hacen, y por lo tanto los anarquistas del siglo XIX tendrán sus semejanzas y diferencias con los anarquistas del siglo XXI, al igual que los gaditanos del siglo XXI guardan semejanzas y diferencias con los gaditanos del siglo XIX.

Yo creo que el anarquismo en general, así como el resto de las ideologías de transformación social, están en un momento de crisis, al igual que lo está la misma sociedad. Pero no solamente están en crisis los valores de una sociedad alternativa sino los propios valores de la sociedad burguesa. Yo creo que un burgués del siglo XIX no se reconocería en la burguesía actual. Y en ese sentido creo que se puede decir que se está en un momento de crisis de la sociedad tal como la hemos entendido en los 150 o 200 últimos siglos, tanto en el modelo de organización social como en el modelo de economía, el modelo de planteamientos morales o sociales y por supuesto de los valores de una sociedad distinta. Y en ese momento de restructuración resulta mucho más difícil construir que destruir.

Es decir, el anarquismo entendiéndolo en el sentido clásico, hasta 1936 en España tuvo que esperar casi 60 años para que cuajara y tuviera la capacidad de plantear una alternativa social. En este momento estamos en una situación de reelaboración tanto conceptual como instrumental. Me refiero a que hay que reelaborar una serie de principios conceptuales. El anarquismo, aunque no sea una ideología de clase, sí vio en el mundo obrero el elemento protagonista y dinamizador de la posibilidad de cambio social. Hoy día quizá haya que enfocarlo conceptualmente de otra forma. Organizativamente igual. El anarquismo español escogió -y esa ha sido su principal aportación- el sindicalismo como instrumento de transformación social. Hoy día seguir pretendiendo o pensar que los sindicatos puedan ser herramientas de transformación social quizá haya también que replanteárselo. Y como eso, otras muchas cuestiones. Yo creo que fundamentalmente se está en un proceso de restructuración. Las construcciones de las ideas sociales con pretextos como mínimo a medio plazo, nunca se sabe -y de eso la historia nos da muchos ejemplos- cómo y en qué momento van a catalizar y a cristalizar, pero sí, con un diagnóstico general, suelen hacerlo en un momento de restructuración y de crisis, y por lo tanto en un momento...

ApostoloZeno: Pero no hay una receta concreta de condiciones previas...

José Luis Gutiérrez Molina: No, esas recetas nunca las va a ver. ¿Tú crees que un español del año 36 era plenamente consciente de cómo se estaba haciendo el proceso histórico del momento revolucionario? ¿O estaba más preocupado de recoger los garbanzos por la tarde para poder comerlos al día siguiente? Es decir, las recetas no existen en el mundo social, de ahí la importancia de interpretar el momento en que se encuentra la sociedad. Yo creo que este momento es de reconstrucción y de aparición de nuevos planteamientos, y sobre todo de reelaboración de nuevos intrumentos de acción concretos. Los clásicos, los partidos y los sindicatos, parecen que no han servido. Entonces hay que buscar nuevos instrumentos de articulación social. Y en ese sentido, aunque parezca mentira, hay que ser optimistas porque precisamente es en los momentos de crisis cuando las fuerzas sociales actúan y se ponen en movimiento, es cuando las personas tienen la capacidad para actuar e involucrarse. A menos, claro, que nos quedemos como planeta en el camino.

ApostoloZeno: Aparte de la derrota militar durante la revolución del 36 y la posterior represión franquista, ¿qué motivó la decadencia del anarquismo? Es decir, durante la transición parece ser que hubo unos momentos de optimismo, de resurgir de las ideas libertarias. Pero después vino el caso Scala, la escisión de CGT... ¿es porque el anarquismo no supo adaptarse a los nuevos tiempos?

José Luis Gutiérrez Molina: Yo creo que fueron muchas cuestiones las que incidieron. En primer lugar por lo que os he hablado antes de ese corte de carácter cultural que hubo entre 1936 y 1976, a lo largo de la dictadura. En segundo lugar, hubo una serie de factores de carácter externo como la decisión firme durante la transición de que el anarcosindicalismo como organización no acabara de cuajar en España. Una decisión en la cual estuvieron de acuerdo desde la UCD hasta el PCE. Yo recuerdo por ejemplo cuando Santiago Carrillo salía en la televisión española diciendo que no entendía cómo había trabajadores que se afiliaban a un sindicato de drogadictos como era la CNT. Si eso no indica una escasa simpatía hacia la CNT no sé cómo se puede interpretar de otra forma. Entre otras cosas porque la CNT fue el único grupo de oposición al franquismo que en el año 77 planteó que no le parecían suficientes los términos en los que se estaba realizando la transición, cosa que sí habían aceptado tanto el Partido Socialista como el Partido Comunista, que no tuvieron ningún problema en presentarse en las primeras elecciones cuando otros grupos comunistas, como la Liga Comunista Revolucionaria o el PRT o la ORT, no se puedieron presentar con sus nombres por estar ilegalizados. Y el propio PSOE no puso ningún impedimente en que se celebraran las elecciones sin que estuviera presenta el PCE.

Por otro lado, dentro del carácter externo pero también con carácter interno, estaría la propia reelaboración de los planteamientos libertarios que evidentemente no eran los mismos que los que existían en el 36. Esos replanteamientos fueron en España más difíciles de solucionar por el peso que tenía la historia del anarcosindicalismo español. Antes os he dicho que el anarquismo en el 36 supuso la última aportación en el continente europeo en pos de una sociedad mejor y más civilizada. Eso de alguna forma se tenía que dejar notar y sentir en el mundo de las ideas. Evidentemente la reelaboración de las ideas alternativas y sociales en la década de los 70 iban a mirar, para bien y para mal, al 36. Por ejemplo, la CNT tuvo muchos problemas al servir de punto de referencia a sectores que no se sentían identificados con el régimen pero no se sentían tampoco identificados con la moral obrerista que tenía un sindicato de trabajadores. Entonces la CNT se convirtió en punto de refrencia del obrero, del parado, hasta del jipi... cada uno con sus intereses, que muchas veces chocaban entre sí.

Y eso me da pie a pasar al problema interno. Para mi gusto, el gran problema que tuvo la reorganización del anarcosindicalismo español en la década de los 70 fue que, en contra de lo que se había hecho siempre, se reorganizó de arriba a abajo. En el 76 se decide reconstruir la CNT más por arriba que por la base. En algunos lugares se crean antes los comités regionales que la propia confederación regional.

Otro problema interno va a ser el peso propio de la historia de la CNT y de la capacidad de ensamblar lo que venía, con toda la presencia del exilio. Esto no se va a saber solucionar y se va a producir una situación inédita en la historia del anarcosindicalismo español, que va a ser una escisión. Os he hablado de la escisión de 1932, pero va a durar apenas tres años, enseguida se reunifica en la primavera del 36, pero se va a convertir prácticamente en perenne. Yo sé que hay personas que se identifican con los planetamientos libertarios independientemente de que militen en CNT o en CGT, como en Comisiones o UGT, porque me imagino que tú te puedes afiliar a un sindicato por el mero hecho de ser trabajador, es decir, nadie te va a pedir que pienses de una determinada manera, o al menos así debería de ser.

En el caso de la escisión de CNT-CGT yo creo que va a ser definitiva en el sentido de que, independientemente de que existan personas que se reclamen libertarias tanto en uno como en otro, ya tienen cada vez más, no sólo las nuevas generaciones que entran en cada uno... Yo me imagino que si a un afiliado de CGT de hoy, o de CNT, le cuento las batallitas de la escisión del año 79 al 83 le sonará como si le cuento lo de la guerra del 36. Además las propias prácticas sindicales de las dos centrales cada vez, en mi opinión, están más distanciadas, independientemente de que en momentos puntuales se puedan producir convergencias. Yo no sé cómo terminará esto. Ahí entran problemas conceptuales como los que hemos hablado antes, el papel de los sindicatos en el mundo actual... Bueno, yo soy partidario de que existan, es decir, yo no defendería la supresión de los sindicatos, pero sí me replantearía toda una serie de cuestiones y no sé si le quitaría importancia a lo que es el sindicato en sí mismo y buscaría otro tipo de instrumento de apoyo mutuo de otras características.

Esas son las causas de la decadencia del anarquismo, a lo que habría que añadir la implacable persecución estatal. Es decir, ni el caso Scala fue casualidad, ni la aparición de Carrillo en televisión fue casualidad, ni las promesas siempre incumplidas de Alfonso Guerra de restitución del patrimonio sindical son casualidades. Hubo un boicot a la expansión sindical, pero además una persecución en toda regla para que ese mundo no acabara estructurándose como una alternativa.

Aún así, las ideas están vigentes, la idea de que hay que vivir en un mundo más solidario, más justo, más igualitario, patatín, patatán... Me da igual que a eso se le llame anarquismo o lo que sea.

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