EL MRTA: LA RECTA FINAL
Por Miroslav


"17 de diciembre"

"Hoy no tenemos lugar para la tristeza
Años de recuerdos y ellos siguen creciendo burlando el olvido
Un puñado apenas de corazones puros
Rescataron la esperanza de todo un pueblo cuando el `96 agonizaba
¡Lo jodieron al chino carajo!
Corrió la voz, como un fugaz destello de esperanza feliz
Hoy no tenemos lugar para la tristeza
Los señores de la muerte, los que creyeron haber vencido
agonizan izando copas de hastío
Compañeros, están aquí tenaces entre nosotros, en nosotros
Por que dar la vida por la libertad
la libertad de otros, es en verdad no morir nunca jamás
Hoy no tenemos lugar para la tristeza
En aquel lugar perduran 14 flores que unos jóvenes ofrendaron.

 


A lo largo de 1992, los ataques del ejército peruano a las posiciones del MRTA consiguieron desarticular los frentes Sur y Norte, además de dejar el Noroeste bastante debilitado. A lo largo de 1993, el ejército llevó su cruzada un paso más allá y comenzó su programa de bombardeo de las zonas en las que sospechaba se escondían los rebeldes. La necesidad de defenderse, de no perder el ánimo y de mantener su capacidad combativa, siguiendo el ritmo que la guerra de Sendero Luminoso les imponía, llevó a los tupacamaristas a profundizar en su lógica militarista. A estos problemas hay que añadir las detenciones y muertes de muchos militantes y dirigentes, lo que dañaba seriamente el trabajo de logística y de organización del movimiento. A mediados de 1992, Polay cae preso de nuevo, quedando sólo dos miembros del Consejo Central en libertad: Miguel Rincón y Néstor Cerpa, que vuelve a asumir la dirección en ausencia de Polay.

Durante los años 1994 y 1995, sólo queda el Frente Central, ya muy diezmado, luchando su guerra de guerrillas y sin alcanzar un impacto nacional ni de lejos. Esta estrategia de guerra de largo plazo fue desgastando a la guerrilla, quedando finalmente desarticulada entre 1994 y 1995. En estas circunstancias los dirigentes del MRTA decidieron dar un golpe de efecto para volver a encender la mecha revolucionaria, más aún cuando Sendero Luminoso había acordado un alto el fuego con el gobierno de Fujimori.

Para llevar al Gobierno a la necesidad de negociar la liberación de los cuadros del movimiento era necesario demostrar que el MRTA seguía teniendo fuerza. Para ello se barajaron varios proyectos, como la toma del Congreso del República. Sin embargo, este plan fue descubierto por la policía que detuvo, además, a Miguel Rincón, dejando como único miembro del Consejo Central en libertad a Néstor Cerpa, quien decidió seguir adelante con el plan de canjear a los prisioneros emerretistas por rehenes políticos capturados en una acción militar.

El 17 de diciembre de 1996, Néstor Cerpa dirigió al comando “Edgard Sánchez”, integrado por 14 personas, a la residencia de Morihisa Aoki, embajador japonés, reteniendo a más de seiscientos invitados, aunque en los días siguientes se fueron liberando un número significativo de rehenes, quedándose únicamente con 72. Poco tiempo después el gobierno inició una ronda de negociaciones, que a la postre quedaron suspendidas. Las fuerzas armadas entraron en la residencia el 22 de abril de 1997, con el conocido operativo “Chavín de Huantar” tras 126 días de retención. El resultado: 1 rehén, 2 miembros de las fuerzas del orden y todos los integrantes del comando subversivo resultaron muertos. Con la caída de Néstor Cerpa, el Consejo Central desapareció de la vida pública.

El desenlace de esta acción marcó la práctica desaparición del MRTA a nivel nacional. Los dirigentes que quedaron en el Frente Central trataron de reorganizar la dirección del movimiento, pero no tenían la experiencia ni el manejo político para conducir semejante tarea, llevando a los pocos hombres que quedaban a la debacle. Durante agosto y octubre de 1998, la policía detuvo a varios subversivos en esta zona, poniendo punto y final al último frente emerretista.

Hoy existe un colectivo de presos políticos tupacamaristas en distintos penales del Perú. Las más nombradas por los propios presos del MRTA son las cárceles de Yanamayo, Challapalca y la Base Naval de Callao, enterrada 8 metros bajo el suelo, verdaderos “cementerios para vivos”. Desde allí los presos emerretistas denuncian su situación y lanzan comunicados al pueblo peruano para que se revuelva contra el imperialismo y la injusticia, contra la pobreza y la humillación y por la libertad, la igualdad y la educación. Entre rejas, estos presos han convocado y protagonizado huelgas de hambre, jornadas de protesta, llamamientos internacionales y mantienen una activa comunicación con distintas asociaciones rebeldes de América Latina.

Existe una página web donde encontrarles y comunicarse con ellos, aprender su historia y la otra historia del Perú, la que hacen los pueblos que luchan por la dignidad y el respeto, www.voz-rebelde.de. Otra página muy recomendable para estudiar esta época del Perú es http://www.derechos.org/nizkor/peru/libros/cv/ donde encontraremos completo el Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación sobre los años de violencia en el Perú, de 1980 al 2000, año en que el país comienza una nueva transición a la democracia de la mano de Alejandro Toledo. Pero esto ya es otra historia.