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En el año 1961, el gobierno de J.F. Kennedy creó el programa “Alianza para el progreso”, mediante el cuál los países de la región andina, entre ellos Ecuador, comenzaron a recibir enormes cantidades de trigo donado por Estados Unidos. Este trigo invadió los mercados y al estar subsidiado, a los productores locales les fue imposible competir con los precios del trigo importado, por lo que dejaron de cultivarlo. El Ecuador pasó de ser autosuficiente a principios de los años 60, a importar el 97% del trigo que se consume. Una vez que el mercado estuvo invadido, el trigo dejó de donarse y comenzó a venderse. Además esto supuso un cambio cultural alimentario para los ecuatorianos. Comenzó lo que se ha venido a denominar “la cultura del pan”. Antes, apenas era consumido y ahora forma parte esencial de la alimentación, perdiéndose así soberanía alimentaria.
Debemos diferenciar los términos seguridad y soberanía alimentaria. Mientras que la seguridad alimentaria es la certidumbre de los pueblos de poder alimentarse, sin importar con qué; la soberanía alimentaria es el derecho de cada pueblo de controlar y decidir soberanamente su alimentación, controlando toda la cadena productiva. Esta soberanía alimentaria se ve amenazada por la imposición que viene desde el neoliberalismo. La Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial obligan a los países del “tercer mundo” a llevar a cabo políticas estructurales que amenazan seriamente la soberanía alimentaria. Una de las políticas preferidas por los EEUU es la ayuda alimentaría, lo cuál provoca un desajuste en la alimentación de los países a los que “ayudan”. Detrás de ésta siempre hay algún interés. En el año 2000, el Ecuador recibió una importante donación de ayuda alimentaria de Estados Unidos. Cuando la Ministra de Estado vino a entregar esta "ayuda", firmó también el convenio mediante el cual se establecería una base militar estadounidense en las costas ecuatorianas. La ayuda se suministra a través de una agencia del gobierno norteamericano, la USAID. Ésta lleva a cabo distintos programas para apoyar el desarrollo del país. Por ejemplo, tiene uno de cacao que se llama ADVI-VOCA. La forma de financiación de este programa es mediante la capitalización de trigo por parte del gobierno ecuatoriano. Esto significa que el Estado norteamericano hace una donación de trigo al Ecuador, éste lo vende, y de ahí saca la plata para financiar el proyecto del cacao. Además de los productos donados, se exige que se establezcan aranceles a otros países en estos productos para que no puedan competir.
Uno de los temas de más actualidad en la región andina es la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Algunos países de Centroamérica ya han firmado el tratado y en éste se obliga a aceptar la ayuda alimentaria proveniente de Norteamérica. En un principio se trató de firmar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que era un tratado con 34 países de Centroamérica y Sudamérica, pero Brasil se echó para atrás por la desigualdad entre las economías, los subsidios agrícolas... Entonces Estados Unidos comenzó a negociar acuerdos bilaterales con los distintos países.
Uno de los temas de mayor preocupación con el TLC es el referido a la problemática agraria. Es imposible competir con una agricultura como la Norteamericana, totalmente subsidiada, donde la productividad por trabajador supera con creces la de un campesino ecuatoriano debido a la incorporación de tecnologías mucho más avanzadas, las investigaciones transgénicas y la facilidad de crédito. Además, la firma del Tratado supone la propagación de plantas y semillas geneticamente modificadas, que controlan empresas transnacionales, lo que supone una amenaza para la soberanía alimentaria, sobre todo a partir del control de los derechos de propiedad de las semillas y otros materiales reproductivos. Esto incidirá principalmente en los pequeños agricultores que son los que menos capacidades tendrán para competir. Aun sin el TLC, el problema del campesinado es latente por la competencia con Perú y Colombia que producen más barato. Esta es una realidad que ha impulsado el abandono de tierras. En los años 80 más del doble de la población era rural; hoy en día es de algo menos del 35%. La población que sale del campo emigra hacia las ciudades, donde se forman los cinturones de pobreza, y hacia otros países.
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