En
la madrugada del pasado domingo tres de febrero, en plena celebración
del Carnaval gaditano, numerosas personas se encontraban en la plaza
de la Cruz Verde disfrutando de la fiesta en un ambiente distendido
y relajado. Alrededor de las cuatro de la mañana irrumpieron
en la plaza unos diez policías locales que, sin mediar palabra,
desalojaron a los allí presentes de forma violenta y abusiva.
Joaquín Bustamante intentó grabar con su móvil
la actuación de la policía local pero ésta le arrebató
el teléfono. La intervención policial en la Cruz Verde
se saldó con la detención de Anxo Bastida, por intentar
entablar un diálogo con los agentes, además de una decena
de heridos. Otro joven resultó también detenido por el
presunto lanzamiento de una botella.
Seguidamente, las personas contusionadas se dirigieron al centro de
salud del Olivillo para realizar los correspondientes partes de lesiones.
Mientras esperaban a que les viera un médico de guardia aparecieron
de nuevo los agentes de la Policía Local, que obligaron por la
fuerza a abandonar el ambulatorio a los allí presentes. Allí
fue detenido Joaquín, tras ser reconocido por los agentes como
el joven que había grabado la escena de la Cruz Verde.
Tras las detenciones, Anxo y Joaquín
fueron conducidos a la comisaría de la policía local,
donde se encontraron con el otro detenido, al que no conocían.
Sobre las siete de la mañana los llevaron al hospital Puerta
del Mar para realizar por fin el parte de lesiones, un trámite
que tenía que haberse realizado antes de ir a Comisaría.
Después, tras otras veinticuatro horas incomunicados y privados
de libertad en los calabozos de la Policía Nacional, fueron trasladados
a los Juzgados de San José donde, a través de un juicio
rápido, se les propuso aceptar los cargos de atentado a la autoridad
a cambio de rebajar la pena de prisión de un año a ocho
meses, planteamiento que rechazaron ante su evidente inocencia. El tercer
detenido aceptó reconocer los cargos. Actualmente, Anxo y Joaquín
se encuentran a la espera de juicio.
Contextualizando
estos hechos en las fiestas de Carnaval, una tradición popular
en la que ciento de miles de personas toman la calle para divertirse
y contemplar desde otro punto de vista los problemas cotidianos y el
panorama político-social, resulta aún más llamativa
la represión ejercida sobre la ciudadanía contra el libre
uso de los espacios públicos. Desde la aplicación de la
ley antireunión y con la excusa de los problemas generados por
el botellón se concede a los cuerpos de seguridad un amplísimo
margen de discrecionalidad que convierte de facto a los agentes de Policía
en jueces de calle. El resultado: la escalada de detenciones ilegales,
acusaciones falsas y abusos por parte de los cuerpos de Policía,
y muy en especial el de Policía Municipal, del que venimos siendo
testigos en Cádiz y otras ciudades de Andalucía.
Las personas a quienes
se encomienda el ejercicio del poder, como los agentes de Policía,
son, precisamente, personas, y en ocasiones cometen errores. Esta idea
puede resultar perturbadora para algunos; empeñarse en negarla,
sin embargo, no sólo resulta ingenuo sino también peligroso.
Los abusos de poder existen y probablemente existirán siempre,
pero la respuesta que damos ante ellos depende de cada uno de nosotros.
El esfuerzo por una sociedad justa y segura es responsabilidad de todos.