
El escándalo del contradecirme, del estar
contigo y contra ti; contigo en la luz,
contra ti en las oscuras entrañas
De "Las Cenizas de Gramsci"
Han dicho que tengo tres ídolos:
Cristo, Marx y Freud. En realidad mi único ídolo es la
Realidad. Si he elegido ser cineasta al mismo tiempo que escritor, se
debe al hecho de que en lugar de expresar esta Realidad a través
de esos símbolos que son las palabras, he preferido el cine como
medio de expresión: expresar la Realidad a través de la
Realidad.
La Asociación La Tapadera CA-SE (matríz jurídico-politica
de Lisergia.net) se complace en presentarles el nuevo ciclo de
proyecciones que durante las próximas semanas llevará
a la sala de audiovisuales del C.S.A. la Fabrika: Pasolini.
Cristiano, rojo y maricón. Pasolini, escritor poeta y director
de cine. Polémico, heterodoxo, lírico, soez, directo,
y como reza el título del ciclo, Pasolini fue Cristiano (de un
cristianismo primitivo), comunista (marxista "herético",
expulsado del PCI) y homosexual (perseguido infinitamente en largos
y tortuosos procesos judiciales por sus libros, películas y actividad
ciudadana).
Carecía de formación profesional audiovisual y a muchos
autores los conoció muy tarde, cuando él había
realizado ya varias películas, con lo que su influencia -excepto
en el caso del neorrealismo- no se deja notar demasiado. Pero todos
ellos tenían algo en común: su capacidad de poner en escena
aspectos esenciales de la condición humana, bien desde el humor,
bien desde el drama. De todas formas, las raíces del cine pasoliniano
tienen más ingredientes literarios, poéticos y semiológicos
que cinematográficos. Pasolini lo tenía claro siempre
que alguien le preguntaba sobre sus referentes cinematográficos:
Renoir, Chaplin, Mizoguchi, Clair, Dreyer, Murnau, Keaton, Tatí,
Von Stroheim y el neorrealismo italiano, todo ese cine que él
denominaba de valor y que, según decía, se hacía
contra los intereses de los productores. Las adaptaciones literarias
de Pasolini o se basan en libros antiguos y renacentistas o se basan
en sus propios textos. Los tres grandes padres de la Tragedia Griega
aparecen en su filmografía al igual que hay otro grupo de obras
que se refieren a la tradición judeo-cristiana. Es decir, que
Pasolini va directamente a las fuentes de nuestra tradición y
las trae al presente de forma crítica, como posibilidad de juicio
contemporáneo.
El
genio de Pasolini está encerrado en paradojas y su muerte no
es una excepción. Hace cinco años, en la conmemoración,
todavía alterada, casi con un toque de ira clandestina, de su
muerte, brotó en Italia una fiebre de debates sobre lo que el
asesinato del poeta tenía de punto más alto de una vieja
discordia inagotable, originada en una paradoja irresoluble. La intrusión
de su poesía dentro de su muerte persiste hoy en la memoria de
Pasolini, un comunista que flageló de manera inmisericorde a
los comunistas; un moralista estricto que no obstante defendió
las formas libérrimas de la conducta como nadie osó hacerlo
en la izquierda de su tiempo; un ateo capaz de representar la fe con
la transparencia de un evangelista; un creador de hermosuras que se
despidió del cine con la fea escatología de Saló.
Biografía:
Pier Paolo Pasolini nació en Bologna (Italia) el 5 de marzo de
1922. Era hijo de un soldado que se hizo famoso por salvar la vida de
Benito Mussolini. Pasolini empezó a escribir poemas a
los siete años de edad y publicó por primera vez a los
19 mientras se encontraba estudiando en la Universidad de Bologna. Fue
reclutado durante la Segunda Guerra Mundial, capturado por alemanes,
logró escapar. Luego de la guerra, se unió al Partido
Comunista Italiano en Ferrara pero fue expulsado dos años
después debido a su homosexualidad manifiesta. En 1957 publica
los poemas de "Le ceneri di Gramsci" (Las cenizas de
Gramsci) y al año siguiente "L'usignolo della Chiesa
cattolica" (El ruiseñor de la Iglesia católica).
En 1960 publica los ensayos "Passione e ideologia",
y en 1961 otro libro de versos, "La religione del mio tempo".
Se destacan los ensayos sobre la poesía dialectal (1947) y La
poesía popular italiana (1960); las antologías Poesía
dialectal del siglo XX (1955) y Antología de la poesía
popular (1955);
Su obra poética, igual que su obra ensayística
y periodística, polemiza con el marxismo oficial y el catolicismo,
a los que llamaba "las dos iglesias" y les reprochaba no entender
la cultura de sus propias bases proletarias y campesinas. Juzgaba asimismo
que el sistema cultural dominante, sobre todo a través de la
televisión, creaba un modelo unificador que destruía las
culturas nacionales.
Como director (se inició en 1961) ha creado una suerte de segundo
Neorrealismo, explorando los aspectos de la vida cotidiana, en un tono
cercano al de la commedia dell'arte Su filmografía incluye: Accatone
(1961), Mamma Roma (1962), El evangelio según san Mateo
(1964), Pajarracos y pajaritos (1966), Edipo rey (1967),
Teorema (1968), Pocilga (1969), Medea (1970), la
Trilogía de la vida (integrada por El Decamerón,
1971; Los cuentos de Canterbury, 1972; Las mil y una noches,
1974) y Salò o los 120 días de
Sodoma
(1975), en la que adopta un tono autocrítico hacia algunos
pasajes de su obra anterior.
Pasolini murió a manos
de un joven marginal, que lo embistió con su propio auto, en
el balneario popular de Ostia. Era para entonces un intelectual ampliamente
reconocido y gozaba de una posición económica acomodada.
Sin embargo, durante las primeras investigaciones, las declaraciones
del presunto joven asesino acerca de que lo mató debido a que
el director le proponía tener relaciones sexuales, no convencieron
a toda Italia y siempre flotó en el ambiente las teorías
de que ciertas personas poderosas del gobierno deseaban muerto al director
debido a las criticas que hacía él continuamente a través
de sus películas, sus libros y sus discursos políticos.
Recientemente, en abril de 2005, unas nuevas declaraciones del supuesto
asesino, quien ha asegurado que fueron en realidad tres jovenes quienes
le quitaron la vida a Pasolini aquella fatidica noche de noviembre de
1973, provocaron que un amplio sector del entorno político y
cultural de Italia pidiese la reapertura del caso para esclarecer el
crimen.
Algunas citas de Pier Paolo (P.P.) sobre el marxismo,
la homosexualidad y la iglesia católica:
"En mi caso concreto, la ideología política
es la marxista, pero la ideología estética proviene de
la experiencia decadentista aunque profundamente modificada y arrastra
consigo los restos de una cultura superada: evangelismo, humanitarismo,
etc. (...) La verdadera ideología de un escritor consiste en
verificar lo que sucede durante este choque, durante esta fusión..."
"Es trágico que no comprenda -de forma
tan institucionalizada y brutalmente conformista- que una relación
homosexual no es el Mal o mejor dicho que en una relación homosexual
no hay nada de malo. Es una relación sexual como cualquier otra.
¿Dónde
está, no digo ya la tolerancia, sino la inteligencia y la cultura
si no se comprende esto? Esto no deja ni marcas indelebles ni manchas
que le hagan a uno intocable, ni deformaciones racistas. Deja a un hombre
exactamente igual a como era. Como máximo le ha ayudado a expresar
totalmente su "natural" potencialidad sexual, porque no hay
ningún hombre que no sea "también" homosexual:
y esto, y nada más, es lo que demuestra la homosexualidad en
las cárceles. Se trata, en resumidas cuentas, de una de las muchas
formas de liberación cuyo análisis y cuya aceptación
crea generalmente el orgullo de un intelectual moderno. Quien haya expresado
-aunque sólo haya sido en situación de emergencia- su
propia homosexualidad (ayudado por un valor más popular que burgués,
y de ahí la connotación clásica del odio contra
la homosexualidad) ya no será, al menos en este campo, racista
ni perseguidor. En su experiencia humana habrá un elemento de
"real" tolerancia que antes no tenía. Y, en el mejor
de los casos, habrá enriquecido su propio conocimiento de las
personas de su mismo sexo, cuya relación con las mismas no puede
dejar de ser, fatal y naturalmente, más que de carácter
homoerótico, tanto en el odio como en la confraternidad."
(Fragmento de La cárcel y la fraternidad del amor homosexual,
aparecido en Il Mondo el 11 de abril de 1974, inspirado por un artículo
aparecido en otro diario cuyo tema era "el sexo en las cárceles
italianas". Está reproducido íntegramente en
Scritti corsari, Milán, Garzanti, 1975. Hay traducción
castellana de Mina Pedrós: Escritos corsarios, Barcelona, Planeta,
1983)
"La Iglesia sólo puede ser reaccionaria;
la Iglesia sólo puede estar de parte del poder; la Iglesia sólo
puede aceptar las reglas autoritarias y formales de la convivencia:
la Iglesia sólo puede aprobar las sociedades jerárquicas
en que la clase dominante garantice el orden; la Iglesia sólo
puede detestar cualquier forma de pensamiento aunque sólo sea
tímidamente libre; la Iglesia sólo puede estar en contra
de cualquier innovación antirrepresiva (esto no significa que
no pueda aceptar formas, programadas desde arriba, de tolerancia: practicada
en realidad, desde hace siglos, no ideológicamente, según
los dictámenes de una Caridad disociada -repito, no ideológicamente-
de la Fe); la Iglesia sólo puede actuar completamente al margen
de las enseñanzas del Evangelio; la Iglesia sólo puede
tomar decisiones prácticas mencionando sólo formalmente
el nombre de Dios e incluso alguna vez olvidándose de hacerlo;
la Iglesia sólo puede imponer verbalmente la Esperanza porque
su experiencia sobre los hechos humanos le impide alimentar ninguna
especie de esperanza; la Iglesia sólo puede (para llegar a temas
de actualidad) considerar eternamente válido y como un paradigma
su concordato con el fascismo." (Fragmento del texto La
Iglesia, los penes y las vaginas, un comentario a 20 sentencias
de la Sacra Rota, a cargo de Stelio Raiteri, con prólogo de Giorgio
Zampa -Roma, Borletti, 1974-, publicado en Tempo el 1° de marzo
de 1974. Está incluido en Scritti corsari, Milán, Garzanti,
1975. Hay traducción al castellano de Mina Padrós: Escritos
corsarios, Barcelona, Planeta, 1983)
Y, por fin, héte aquí los títulos
del ciclo:
30
de agosto: Accattone(1961)
Escrita y dirigida por:
Pier Paolo Pasolini. Colaboración en los diálogos de:
Sergio Citti
Fotografía Tonino Delli Colli. Escenografía:
Flavio Mogherini. Coordinación musical: Carlo Rustichelli.
Montaje: Nino Baragli. Ayudante de dirección: Bernardo
Bertolucci.
Intérpretes y personajes: Franco Citti ("Accattone",
doblado por Paolo Ferrari); Franca Pasut (Stella); Silvana Corsini (Maddalena);
Paola Guidi (Ascenza, doblada por Monica Vitti); Adriana Asti (Amore);
Romolo Orazi; Massimo Cacciafeste; Adriano Mazzelli; Francesco Orazi;
Mario Guerani; Stefano D'Arrigo. Productor: Alfredo Bini; Duración:
116 minutos.
En el submundo de Roma vive Accattone, un peculiar
personaje que ejerce de chulo y malvive con su grupo de amigos, para
los que es preferible pasar hambre a trabajar. La primera película
de Pasolini bebe del neorrealismo y del primer Fellini, pero es ante
todo la personalísima visión del director y guionista
la que le imprime su peculiar carácter. Trágica sin dejar
de lado lo cómico, áspera pero con intensos toques de
lirismo, enfangada en una realidad casi obscena y a la vez impregnada
de catolicismo, con una dirección descarnada pero elegante. Música
de Bach y excelentes interpretaciones para una obra que mantiene en
buena parte su capacidad de fascinación.
"Los
personajes de Accattone eran todos ladrones, o chulos, o carteristas
o gente que vivía al día; se trataba, en definitiva, de
una película sobre la mala vida. Naturalmente, a su alrededor
estaba también el mundo de la gente del arrabal, implicada tal
vez por complicidad en la mala vida, pero que, en definitiva, trabajaba
normalmente (por un salario miserable, como Sabino, el hermano de Accattone).
Pero como autor y como ciudadano italiano, en la película yo
no expresaba ningún juicio negativo sobre los personajes de la
mala vida: todos sus defectos me parecían defectos humanos, perdonables,
además de estar del todo justificados socialmente. Eran, como
dije, los defectos de unos hombres que obedecen a una escala de valores
absolutamente "propia" y "diferente" de la burguesa.
En substancia, son personajes enormemente simpáticos; es difícil
imaginar gente tan simpática (más allá de los sentimentalismos
burgueses) como la del mundo de Accatone, es decir de la cultura subproletaria
y proletaria de Roma hasta hace unos diez años. El genocidio
ha borrado para siempre a estos personajes de la faz de la tierra. En
su lugar están esos "sustitutos" suyos que, como ya
tuve ocasión de señalar, son, por el contrario, los personajes
más odiosos del mundo." (Fragmento de Mi Accattone
en televisión después del genocidio, publicado el
8 de octubre de 1975 en Il Corriere della Sera)
6
de septiembre: El Evangelio según San Mateo(1964)
Escrita y dirigida por: Pier Paolo Pasolini
Fotografía Tonino Delli Colli; Escenografía
Luigi Scaccianoce; Vestuario: Danilo Donati; Música
original Luis Bacalov; Montaje Nino Baragli;; Asistentes
de dirección: Paul Schneider, Elsa Morante. Intérpretes
y personajes: Enrique Irazoqui (Jesús); Margherita Caruso
(Maria Giovane); Susanna Pasolini (Maria Anziana); Marcello Morante
(Giuseppe); Mario Socrate (Giovanni Battista); Rodolfo Wilcock (Caifa);
Alessandro Clerici (Ponzio Pilato); Paola Tedesco (Salomè); Rossana
Di Rocco (angelo del Signore); Renato Terra (un fariseo); Eliseo Boschi
(Giuseppe D'Arimatea); Natalia Ginzburg (Maria di Betania); Ninetto
Davoli (pastore); Amerigo Bevilacqua (Erode I); Francesco Leonetti (Erode
II); Franca Cupane (Erodiade); Apostoli Settimio Di Porto (Pietro);
Otello Sestili (Giuda); Productor: Alfredo Bini; Duración
137 minutos
Cuarenta años después de su rodaje
y con la sangre fresca del GoreCristo chorreando por las carteleras,
sentarse a ver la versión que del Evangelio de Mateo hizo Pier
Paolo Pasolini se convierte en un ejercicio de salud mental al que uno
debe entregarse libre de prejuicios, asumiendo que, a veces, una extensa
suma de defectos e imperfecciones producen un resultado final extrañamente
fascinante. En ese misterio radica justamente el suave milagro del cine.
Pasolini optó por hacer lo que nadie había ensayado hasta
aquel momento: acercarse al personaje de Jesucristo con mirada limpia
y laica, renunciando a la espiritualidad de todo a cien del cine en
colorines y cinemascope del Hollywood de los 50. Pasolini prescinde
de los referentes estéticos habituales en el arte religioso,
descartando el concepto clásico de belleza en favor de la sinceridad.
Nos cuenta los hechos sin adornarlos, se olvida de la solemnidad y nos
sitúa en los mismos escenarios por los que se pasean sus personajes,
convirtiéndonos en observadores directos, sin intermediarios,
de lo que ocurre. Asistimos al irrefrenable sufrimiento de María
ante el calvario de su hijo, o a las lágrimas de Pedro al ser
consciente de que en efecto ha negado por tres veces a su maestro (al
entender, en suma, que ha traicionado a quien también es su amigo).
Como si todo estuviese sucediendo por primera vez delante de nuestros
ojos, y varias décadas antes de que un danés idiota viniese
a descubrirnos el dogma de la pureza. El Jesucristo de Pasolini se mueve
entre paisajes ásperos revelándose intensamente humano,
con ocasionales arrebatos de ira y la permanente sensación de
que el tiempo se le escapa de las manos. No hace falta tener fe para
dejarse seducir por sus palabras y su presencia, la de un Enrique Irazoqui
que se hizo con el papel sin pretenderlo realmente: había ido
a Italia a contactar con intelectuales que apoyasen la lucha antifascista
como miembro que era de un sindicato clandestino, pero el director decidió
nada más verlo que él era el Cristo que necesitaba. La
película nos conmueve sin necesidad de malas artes ni de efectismos:
la desnudez de su planteamiento demuestra ser altamente eficaz y convierte
en especialmente ridículos otros tratamientos que la historia
del cine ha dado al mismo tema. Buen ejemplo es el excepcional comienzo
de la cinta, resuelto en unos pocos planos que nos muestran a María
embarazada y a José, dos personas sencillas que no entienden
lo que pasa y se cruzan miradas perplejas sin pronunciar una sola palabra.
La impresionante fotografía de Tonino Delli Colli nos sumerge
en el hermoso primitivismo de los blancos y grises más luminosos,
un primitivismo estético que en la imaginación poética
del cineasta va asociado al mito de los paraísos perdidos en
los que los deseos se manifiestan sin la losa represora de la moralidad.
Para Pasolini todo lo humano es sagrado, así que el ejercicio
no consiste sólo en dar cuerpo al personaje divino, sino también
en sacralizar los comportamientos sinceros y apasionados de hombres
y mujeres, algo a lo que dedicó casi toda su filmografía.
Una filmografía tan irregular como necesaria y única,
que discurre por caminos que nunca más se han vuelto a transitar.
A
pesar de su ateísmo confeso, Pasolini reivindicaba a Cristo como
una figura mítico-popular, una fuerza de resistencia frente al
estilo de vida del hombre moderno, una auténtica desmitificación
que dota a Jesús de sentimientos humanos, que relaciona su ideología
con la marxista. Una noche de octubre de 1962, Pier Paolo Pasolini, por
puro aburrimiento, leyó por primera vez El Evangelio según
San Mateo en el convento de Asís, en medio de los festejos por
la llegada del Papa. Cuenta que en esa primera lectura sintió "una
energía terrible, casi física, casi manual", una fuerte
"emoción estética" y la necesidad súbita
de "hacer algo".
Tomó la decisión inmediata de trabajar con actores no profesionales,
siguiendo el camino iniciado por el neorrealismo. Para interpretar a la
Virgen María de edad avanzada, Pasolini contrató a su propia
madre, Susanna Pasolini. Para el papel de Jesús, Pasolini eligió
a Enrique Irazoqui, un estudiante catalán de familia vasca que
hizo su tesis sobre él, que viajó a conocerle y que no era,
ni pretendía, ser actor profesional. Pasolini pensó como
actor protagonista en Jack Kerouak o Allen Ginsberg, antes de conocer
a Irazoqui. El vestuario está inspirado en la pintura del siglo
XV, especialmente en la de Piero della Francesca.
El Jesús de Pasolini tiene miedo a morir, y ruega a su padre el
poder evitar su sufrimiento de alguna forma, pasa hambre, llora por la
muerte de Juan... sufre, como un ser humano cualquiera, y cómo
dice la contraportada, "La figura del Cristo de Pasolini, tan frágil,
no parece poder aguantar lo que la posteridad crearía sobre él".
Para muchos, esta película candidata a tres óscars y con
numerosos premios internacionales, es la mejor biografía de Jesucristo,
la única "cinta atea". La película, además,
está dedicada al Papa Juan XXXIII, en un momento esperanzador
para los reformistas de la Iglesia Católica.

13
de septiembre: Teorema (1968)
Intérpretes:
Silvana Mangano, Terence Stamp, Massimo
Girotti, Anne Wiazemsky, Laura Betti, José Cruz. 107 min.
A la casa de una rica familia llega un desconocido. Seduce a la sirvienta,
al hijo, a la madre y, finalmente, unos días antes de irse, al
padre. Tras la visita de este apuesto desconocido, la vida de los habitantes
de la casa cambió para siempre. El padre entrega la fabrica a
sus empleados, la madre se convierte en una promiscua cazadora de jovencitos,
la hija cae en silencio, el chico se hace artista y la criada se vuelve
a su pueblo a hacer milagros y convertirse en Santa... ¿quién
era este visitante? ¿Dios?